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Archivos diarios: 1 diciembre, 2010

SEGUNDO “VERFÁCIL”

Ya veis, amig@s, que el mercado es abundante: No hay un solo modelo de “verfácil”.
En nuestra sociedad consumista todavía hay competencia.
En este caso va a ser de la misma fábrica, pero es…¡otro modelo!…
Creo que tod@s sabéis que SOMOS LA HUMANIDAD.
En nuestro enorme subconsciente habitan todos los movimientos psíquicos humanos, los que llamáis cualidades y defectos. Vamos, los que aún mantenéis la óptica de que cosas “nuestras” están
las unas bien y las otras mal.
EN VEZ DE –por ejemplo- considerar la energía que contienen y ¡APROVECHARLA!…
Pues bien, la cosa es muy sencilla, propia de un “verfácil”:
Observad a los demás.
Aprovechad ese impulso tan recuente de “ver los fallos ajenos”.
Y el no menos frecuente de “criticar”.
¿No habéis experimentado lo bien que se pasa criticando, lo fácil que es?.
Se marcha de la reunión un amigo o una amiga. ¡Esta es la nuestra!. ¡Abierta la veda!
Nos lanzamos como halcones (y a veces como buitres) a despellejar a quien se ha ido.
Hay quien, aparentemente, no le gusta criticar. Y asume un cierto moderado papel de “no es para tanto”, o “teneis que tener en cuenta que…”.
¡Pero asiste al despelleje!
Otr@s hay, sin embargo, que se dan el festín sin tapujos. Y lo que nunca le dirían a esa persona a la cara, aprovechan ahora para hacerlo en su ausencia.
Hay también quien –o por mayor ingenuidad o por falta de perspicacia- no se había dado cuenta de que esa persona, en efecto, ¡tiene ese defecto!. Y al descubrírselo “los críticos avanzados”, se suman gozosamente al festín.
Otra variedad señalaré, entre tantas posibles: La de quien DE VERDAD no critica ni siente siquiera el deseo de hacerlo.
Y se pasa sufriendo el resto de la reunión.
También puede haber “subespecies” dentro de ésta: o la de l@s que intentan reorientar la conversación por otros derroteros, o la de quienes se acuerdan de pronto que tienen una cosa que hacer y se ausentan, o la de los que no se atreven ni a marcharse ni a cambiar el tema y se quedan sufriendo, intentando no sonreir a las invitaciones que “los veteranos” les hacen con miradas o alusiones…
¡Plato servido para el “verfácil”!
Tienes ahí la hipocresía, el gregarismo, la cobardía, el deseo de estar “por encima” de los otros (¡o al menos de alguien!), la crueldad, la falta de respeto, el desprecio, la deslealtad, la falta de afecto…
¡Y además el pasártelo bien con ello!
Con que veas a los demás, ya te lo puedes ver en ti mism@…¡”Verfácil”!.
Te basta con ese sencillo acto que dice:”¡Andá, yo también!”…
Porque lo que llevan los otros dentro ¡tú también!.
Y si no vienes con tu “descuento comercial” de “bueno, pero yo menos”, te podrás hacer cargo sin más de que los otros SON TUS ESPEJOS.
Desde luego, si los demás no existieran y se mostraran delante de ti, lo tenías más crudo. Porque, ya sabes, la gente suele dividirse en dos clases: los que se miran a sí mismos con una imagen maquillada y prácticamente perfecta, “hollyvudiense” … o los que se miran con más defectos de los que tienen, con una imagen de carátula griega…
Y la excepción, desde luego, es la de los que se ven COMO SON…
Así pues en adelante, si quieres beneficiarte para conocerte ( y llegar a la Sabiduría) de este “verfácil”, cosa que veas en otro, adjudícatela.
Ponte primero a buscarla, que ya tienes una buena base. Yo lo he probado en mí y en otras personas.
Por ejemplo, ser envidios@: Se lo dejas caer a alguien y te dice: “¿Envidios@ yo?…No, nada”… Y al cabo de unos días –si la persona se quedó un poco “tocada” por la pregunta-
Y te puede decir: “¡Pues sabes que me he encontrado con mi envidia?”…
No procedas ingenuamente buscando lo que ves en los otros para encontrarlo en ti DE LA MISMA MANERA. ¡No, claro!. Cada uno tenemos nuestras MODALIDADES. Y nuestra historia personal, nuestras anécdotas, nuestras grabaciones, nuestra educación…
Tenemos cosas tan enterradas dentro que nos resultarán prácticamente irreconocibles en el espejo ajeno.
Pero con un poco de habilidad podremos reconocer “rastros”, “dejes”, “huellas” de ello…
Te será fácil percibir que –si tus circunstancias hubieran sido diferentes- también habrías sido más parecid@ a esa persona…
Y, para terminar, no se os ocurra “sufrir” por estos hallazgos. ¡QUE SOMOS LA HUMANIDAD! Feliz es darnos cuenta de ello porque – al verlo – ¡es cuando se puede detener!

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Publicado por en 1 diciembre, 2010 en Sin categoría