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Archivos diarios: 16 diciembre, 2010

Amor y tormento

La imagen del amor idílico, es una imagen.
El amor, si es real, lleva consigo el tormento.
Cuando estás enamorado, puedes subir al cielo y bajar al infierno en cuestión de segundos.
Si ella está contigo, te dice que te ama y te besa…no necesitas al Columbia para salir de la atmósfera.
Pero si duda de tu amor o tú del suyo, o te mira fríamente en un momento…tampoco necesitas esas taladradoras gigantes para que un enorme pozo se abra a tus pies…
¡Duras vivencias las de l@s enamorad@s!
Hace falta un corazón tan templado como el acero para pasar del rojo vivo al hielo puro, de la risa a las lágrimas, de la ilusión suprema a prácticamente la depresión…
Pero sin esos avatares, no hay amor intenso…
Si un amor así se pierde, la herida es muy profunda.
Puede costarle años al corazón curar su herida.
Si se cura…
Que puede quedar enquistada la herida y tomar el subconsciente mismo la decisión de jamás volver a amar así.
Y entristecerse esa vida, apagarse en parte, renunciar no ya a aquél amor, sino al amor mismo y, con él, a grandes dimensiones del propio ser.
Solamente una honda y sincera decisión de vivir de verdad puede sacar a esas personas de su miseria…
El otro extremo es más glorioso.
Mientras brilla el amor, brilla el sol.
Y el mar y la luna y las estrellas…
Mientras no se salga de su ámbito, se puede gozar y sufrir. Pero no importa.
Se puede sufrir si la amada está lejos, si no se puede hablar con ella, o escribir, o…
Pero en cuanto desaparece la circunstancia adversa, todo se transforma en gozo…
Hay ciertas reglas de comprensión que se pueden aplicar. Si ambos sienten que el amor se conserva, pueden saltar por encima de muchas cosas.
Y es frecuente que salten por encima de sí mismos, que cada uno de ellos se eche la culpa de lo sucedido, que todo lo que separe se pueda olvidar…
El ego se pone entre paréntesis. En eso siempre triunfa el amor.
Pero no siempre en tales ocasiones hay amor, puede sólo haber enamoramiento, ese que el marqués de Vilallonga llamó estado de locura transitoria, magnífico cóctel de hormonas cerebrales que da ocasión al verdadero amor.
Cuando el cóctel está actuando, en pleno enamoramiento, suelen sobrepasarse los límites que el ego tiene, sus barreras y sus fronteras habituales. Los auténticos obstáculos al verdadero amor.
En la medida en que vayan surgiendo tales obstáculos, si los enamorados se toman en serio la posibilidad del verdadero amor, tendrán que sobrepasarlos.
Lo cual es el auténtico tormento del amor.
ROMPER LOS LÍMITES DEL EGO.
Ser los amantes capaces de sobrepasar SU manera de pensar, SU manera de sentir, SU manera de decidir…
Si se aferran cada uno, o uno de ellos, a ese modo suyo de ser, si no superan el tormento de abandonarse…el amor verdadero nunca llegará.
Es tormento ese abandono del ego.
Es desposesión de uno mismo.
Es olvido.
Es desaparición del pasado.
Es entrar en lo desconocido, perdiendo la vieja seguridad.
Avanzar entre la niebla sin saber si hay un abismo que se abra de pronto ante los piés…
El tormento de perderse a sí mismo para ganar el amor…
Los enamorados pueden aprovechar o perder la ocasión.
La inmensa mayoría de ellos la pierde.
Porque no están dispuestos a afrontar el verdadero tormento.
Y en vez de ello piensan que se ha acabado el amor, cuando aún no había empezado…
Hay en el fondo una decisión profunda que tomar:
No abandonarse al placer como síntoma supuesto del amor.
Suelen los enamorados partir sin darse cuenta de que el placer es señal segura del amor.
Y no es así.
La verdadera señal es el tormento.
Su profunda superación.
La sabiduría del amor se sitúa por encima del placer y del dolor.
Y sólo pueden llegar los enamorados al verdadero amor si son capaces de asumir esa sabiduría…

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Publicado por en 16 diciembre, 2010 en Sin categoría