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Usar el tiempo sabiamente

21 Dic

Quien se conoce a sí mism@, comienza ya a ser sabi@.
Y su tiempo con él o ella.
Porque, aunque mucho se les diga a los ejecutivos, el tiempo no se usa, puesto que forma parte de quien dice usarlo y un@ no se usa a sí mism@.
Que somos tiempo, al menos hasta descubrir cómo vivir fuera de él.
Es el tiempo, en nuestro sistema, cuarta dimensión del espacio.
En otros, por lo que especulan los científicos, puede ser enésima dimensión.
Formas y métodos externos para realizar más actividades según la medida del reloj, hay muchos.
Digamos para hacer más en menos tiempo.
No enfocaré mi tema de hoy –que me viene de vivencia y de persona- desde ese ángulo.
Intentaré, ignoro si lo conseguiré, hacerlo de modo un poco más sabio.
Y por ello, y ya de entrada, he incluido al “vividor del tiempo” en el tiempo mismo, puesto que somos seres que en él viven y que –en parte al menos- de él están compuestos.

Solemos vivir como si fuéramos entidades ajenas al entorno físico, mental y personal.
Decidimos – sin advertir que es decisión- que ocupamos tal medida y parte del espacio y que ahí “nos terminamos”.
No vemos con los ojos –sensores escasos en sí mismos- lo que la ciencia nos muestra de la constante interacción del que llamamos y visualizamos como cuerpo nuestro, con tantas energías, ondas y partículas, por resumir.
Nuestro cerebro igualmente es receptor y emisor de interacciones personales , pensamientos, emociones y cultura. Todo un inmenso entramado que la visión ingenua ignora.
De modo tal que estamos inmersos “en campos” y en “subculturas”, que a su vez están inmersas en otras, y lo mismo éstas en otras a su vez.
Sociólogos y antropólogos ya lo dicen, y lo daré por supuesto.
Yendo hacia dentro de nosotr@s mismos, lo primero de lo que hacerse consciente es “de las influencias aceptadas” que proceden de las diversas capas envolventes o “subculturas”.
Sitios hay en los que se piensa que el trabajo debe terminar tarde, cercano a la noche, Otros no.
Estas subculturas contienen una determinada versión de lo que es “vivir y actuar en el tiempo”.
Influye ello en la determinación de “qué se hace y qué no se hace”, de “qué importancia tiene” este hacer o el otro y hasta –legislación aparte- de cuánto es el tiempo que hay que dedicar a cada ocupación (al trabajo, a la relación, a la familia, al descanso, a la diversión, a las aficiones…).
Sobrepasado “este estrato” que es nuestro, en nuestro cerebro está y actúa aunque nosotr@s no lo hayamos establecido, habremos de llegar a nuestro carácter y personalidad que influye más aún en nuestro asunto.
Intenta cada uno “vivir a su manera”, o trabajar a su manera.
Y es justo en esas maneras de cada uno donde suelen fabricarse los problemas que luego se le achacan al desnudo tiempo o a otras personas.
Donde aparecen esas quejas de “no tengo tiempo para nada”, o “haría eso si tuviera tiempo”, o “si no nos retuviera tanto el jefe en la oficina”.
La primera visión sabia consiste en percibir que, cuanto hago, procede de mi propia decisión y a nadie he de situar como causa de lo que yo hago
excepto a mí.
“Sí, ya, ven a decirle eso a mi jefe”, dirá algun@.
Te diré, pues busca otro jefe…u otro trabajo.
“Con la crisis, me lo vas a contar”…
Muy bien, o sea que tú decides NO ARRIESGARTE. Y decides QUEDARTE. Si esto decides, la cadena de consecuencias de la decisión es tuya.
Y, en conclusión, decides tener ese trabajo y ese jefe y hacer las cosas como él dice.
NO TE QUEJES.
Y NO DIGAS NO PUEDO.
NO DIGAS “ES QUE NO TENGO TIEMPO…”. TÚ LO HAS ELEGIDO.
Advierte que actúas con el tiempo exactamente como contigo mism@.
Mírate y descubre LO QUE QUIERES, no me hagas una enorme lista de las ocupaciones que tienes.
“Es que termino el trabajo y tengo hijos”.
Cierto, tú elegiste tenerlos. Sé consecuente.
Como también –dentro de prudenciales márgenes- puedes decidir cuánto tiempo quieres dedicarles a ellos y cuánto no.
“¡Es que soy una madre o un padre responsable y tengo que dedicarles todo ese tiempo!”.
Pues sé consecuente. NO QUIERES disponer de más tiempo puesto que tu forma de ver tu vida y vivirla has decidido que sea esa.
Hay quien dedica poco tiempo a sus hijos y quien dedica mucho. Son dos decisiones.
Puede que intentes formas de “burlar al tiempo”, haciendo las cosas muy deprisa, organizando tus tareas de forma más repartida y reducida. Pinto por caso, en vez de hacer compra todos los días, hacerla una vez a la semana, y cosas así.
O dándote grandes panzadas de tareas que te ocupen muchas horas, pero te liberen los restantes días.
Diversos “trucos”.
Pero no te olvides de algunas cosas importantes:
Mira los daños que te produzcas a ti o a otros.
Porque si actúas con prisas y nervios, vas acumulando stress.
Si obligas a los demás a ir a un ritmo desmedido, se lo provocas a ellos. Y puede que también encono y rebeldía.
Si tienes la atención suficiente, verás que ésa no es acción sabia, que “no es por ahí”.
Y tendrás que mirar dentro de ti la esfera de tus deseos y temores.
Ver si los unos son realizables o no, y si te estás dejando arrastrar por los segundos.
Porque hay otra decisión sabia que tomar: elegir entre deseos y saber renunciar.
Que no somos muchas veces conscientes de percepciones tan elementales como que cada cosa requiere su tiempo, y si se altera esa medida se producen alteraciones en la persona que actúa o en lo actuado.
Si algo requiere un tiempo para ser suficientemente bien hecho, darle menos será convertirlo en una chapuza.
O forzar de tal modo el ritmo personal que sea origen de enfermedad.
Dar a cada cosa su tiempo es respeto y amor.
La tierra no acelera su trayecto en torno al sol para ver si puede ahorrarse horas en el día.
Mirate a ti mism@, tus deseos no comprendidos pueden alterar el orden natural y sano de las cosas en el tiempo,

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Publicado por en 21 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

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