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Archivos diarios: 3 julio, 2012

¡Perdone que le enseñe!

Los humanos generalmente, cuando somos ya mayores, tenemos curiosas reacciones a eso de que “nos enseñen”.
“¡Oiga, que soy mayor!”…”¿Es que me está enseñando?”…
Por lo visto lo tenemos claro:
“Soy mayor y ya aprendí hace años…¿Vd. qué se ha creído?”…
Y ponemos la proa, el aguijón y el botacuerno…
¿Lo habéis visto, amig@s?…
¿Y lo habéis hecho?…
Estamos queriendo decir más de lo que pretendemos:
– Que una vez que dejamos de ser “pequeños” ya no estamos dispuestos a aprender más…
– Que nuestra “dignidad” de mayores implica que “ sabemos todo lo que necesitamos”…
– Que no le toleramos a nadie que intente enseñarnos más…
– Que nos ofendemos si alguien se arroga tal pretensión con nosotr@s…

¡Somos mayores!…¡Nada menos!
¡Hemos “cristalizado”!
Ya estamos hechos de una forma y ¡cuidadito con tocarla!…
Esa ya, hasta que nos muramos…
“Genio y figura/ hasta la sepultura”…

Porque resulta que, además, sí estamos dispuestos a que nos enseñen las cosas que no sabemos:
Si yo estudié, por ejemplo, derecho, aceptaré que Vd. –que es ingeniero- me enseñe temas de ingeniería.
No es que le vaya a prestar excesiva atención, y hasta tengo el derecho de aburrirme en su exposición…y de gastarle alguna broma incluso mordaz…”¡Estos ingenieros…!”.
“Porque, mire, el derecho es mucho más interesante…¡Por eso lo estudié yo!”…
Y ya veis, amig@s, si cambiamos las tornas y ponemos a un auditorio de ingenieros que escuchen a un abogado…
“¡Ay que ver la cantidad de triquiñuelas por las que se guía esta gente…!”.
Con lo cual, y en suma, le estamos diciendo a todo el mundo que “lo importante es lo nuestro”…
¡Ojito, pues, que somos mayores y lo interesante es sólo lo nuestro!
Y si tenemos reticencias a que nos enseñen lo que aceptamos que no sabemos…¡no digamos si la cosa va de “cómo somos”!
“¡Vamos, lo que me faltaba!…¡Que me venga Vd. a enseñar “a ser”!”…
Y ahí es donde se levantan las defensas, las huestes, las ofensas y las dignidades…
De modo que lo tenemos claro:
De niños y jovencitos nos “enseñaron a ser”, y no estamos dispuestos a cambiar…¡lo que nos enseñaron nuestros padres!…
“Bueno, al menos eran mis padres”, podemos formular entre contritos y orgullosos…
Y, naturalmente, a “mis hijos” les enseño yo, que para eso soy “su padre/madre”…
Y de tal modo se van pasando, de generación en generación, lo que aquel psicólogo llamó “guiones de vida”…
Y la humanidad sigue y sigue arrastrando lo que sea, con tal de que se lo enseñaran de niños.
Una vez que se cerró esa “etapa de aprendizaje”, aun siendo así que nos demos cuenta intelectualmente que hubo cosas en que nuestros padres metieron la pata…¡cerrada está!.
Hay algunas cosillas que, al hacernos “mayores”, las corregimos.
Y con ello (¡hay que ver lo progres que somos!) ya estamos satisfechos de nuestra crítica.
Pero…¡cuidadito!…las cuestiones básicas, que se queden donde están…

Hoy en día, al parecer, la profesión de “maestros” es de alto riesgo.
¡Y eso en los colegios, y a temprana edad!
Y además, y muy frecuentemente, protegida por los padres.
“¿Qué se habrá creido es@ señor/a, castigando a MI hij@?”
Y si es caso…¡se le pegan unos buenos mojicones al o la maestr@!…
Profesión de alto riesgo…
No sé, la verdad, cuándo y cómo empezó esta última moda de crear “pequeños delincuentes”…¡Pero “haberlos, haylos”…! Que decía el gallego de las meigas…
Muy antigua no es, que yo viví otra, y no quiero decir que “yo no sea antiguo”.
Dejándome llevar del mismísimo principio, tendría que añadir “y a mucha honra”, cosa que no haré para que no me echéis en cara que hago lo mismo que estoy poniendo en solfa.
Porque paréceme que nuestra capacidad de “cuestionar” no es, en general, muy profunda que digamos.
Asumimos “modas de pensamiento” lo mismo que las que nos ponemos en forma de vestidos o trajes.
Y se nos olvida que SON DICTADAS, en un caso por l@s modist@s célebres y en el otro por los padres.
Y resulta bastante obvio que, si nacen seres nuevos en la humanidad a cada generación, ya nos encargamos nosotr@s de envejecerlos sabiamente transmitiéndoles “la herencia de fondo” de muchos milenios…
Que les enseñamos, a la postre, a ser como han sido siempre los humanos…
¿Innovaciones tecnológicas?…¡Vale!
Pero innovar en eso de ser humano…¡nanai!…

Él/ella caminaba muy erguid@.
Con paso seguro y firme abordaba el elegido camino.
A fin de cuentas, “era mayor” y podía muy bien decidir por dónde y cómo caminar.
A su lado, por el contrario, caminaba más impreciso y dudoso un “maestro”.
Unas veces se acercaba y se alejaba otras.
Unas veces le hablaba, otras callaba…
En los momentos en que “parecía” que él/ella prestaba atención, le sugería:
“¿Estás segur@ de que éste es el camino?”…
Él/ella frecuentemente ni contestaba.
Cuando lo hacía, solía decir: “Sabes que ya soy mayor…”
El maestro, suave y hasta dudosamente, repetía:
“Pero es que “la dirección” que tiene este camino, conduce a un abismo…”
“¡Vamos, no será tanto!…Vd suele exagerar mucho…”
Y el/ella seguía el camino con decisión…

De pronto el camino se quebró.
La tierra empezó a desprenderse.
Como si fuera una corriente de agua, caía y arrastraba.
Y él/ella comenzó a caer en la vorágine recién formada.
Y ¡se cayó al abismo que el maestro le decía que era al que llevaba aquel camino!…
Y mientras caía de espaldas, él/ella alcanzó a escuchar:

¡PERDONE POR ENSEÑARLE!…

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Publicado por en 3 julio, 2012 en Sin categoría