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Archivos diarios: 18 enero, 2013

Del placer y del gozo.

No hace la Real Academia Española de la lengua distinción especial en el contenido de estas dos palabras. Vienen a ser lo mismo.

Pero las quiero emplear yo para transmitir realidades diferentes. Y por ello las voy a diferenciar.

“Placer” sabemos todos lo que es.

Es palabra que nos remite a la experiencia, al hecho mismo del “disfrute”, porque el placer es tan directamente vivencial y experimental que no precisa de verbales aclaraciones…¡Y eso que también se produce en el hecho de emplear palabras!

Muchas conversaciones son “placenteras”.

Formas hay de lenguaje que se han personalizado de manera especial, entre amigos y entre enamorados. Palabras secretas con significados especiales para ser usadas ante los demás sin que ellos adviertan el diálogo especial que está sucediendo delante de ellos mismos. Palabras –algunas de ellas- que convoquen y hagan presentes momentos íntimos y desde luego muy placenteros…

Pero “placer” es una palabra muy básica que recorre mucha de la experiencia humana, sin más aclaraciones.

Diría yo (recurriendo a un escrito juvenil de allá por mis veinte años) que es una “protopalabra”. Como lo son “padre…madre…herman@…niñ@…mujer…hombre…dia…noche…”

Palabras que encierran experiencias primitivas y primeras, que se guardaron en el cerebro antiguamente y que allí adquirieron una pátina especial, como brillo y tacto de oro viejo…

La amplitud de esta palabra es enorme. Recorre el cuerpo, el corazón, el alma, el espíritu y el ser.

Encierra dentro de sí las realidades más diversas.

De lo grosero a lo selecto, de lo vulgar a lo aristocrático, de lo brutal a lo exquisito, de lo suave y blando a lo duro y áspero, de lo frecuente a lo raro…TODA CLASE DE EXPERIENCIAS HUMANAS.

Solamente hay otra palabra que señala el límite de su territorio: DOLOR.

¡Y hasta incluso tras ese cartel que abre otro continente se puede deslizar el placer!

Porque sabemos (por aquello que se ha llamado “sadomasoquismo”) que hay personas que experimentan placer en medio de y gracias al dolor.

Y experiencia es ésta que no solamente se aplica en un contexto sexual, sino mucho más generalizado: No pocas son las personas que se han acostumbrado a sufrir y de ello (aunque no se lo confiesen) sacan placer. Que si no sufren les parece que les falta algo, que no puede ser verdad,

que tiene que haber inevitablemente una parte de dolor.

Conozco personas así, y algunas muy queridas.

No se permiten el “puro placer”, lo tienen que adobar con un poco al menos de vinagre, para que compongan una “ensalada” que les parezca real y humana…

Mas habitualmente puede ser la experiencia del placer como la mayoría la entiende: grata, venturosa.

De ella misma no se suele dudar.

Se le añaden elementos ajenos:

“¡Qué poco duró!”…”¡Lástima que se acabara!”… “Ahora voy a estar echándolo de menos”…”¡Qué pena que después me sentara mal!”…

De lo que él es en sí, muchos humanos no registran quejas. Aunque enemigos tiene que enseguida mostraré.

Su ausencia es ya alarmante.

Cuando no hay placer en el hacer o en el pensar y el sentir, FALTA ALGO ESENCIAL.

Y esa ausencia nos despoja del color y de la vitalidad.

Todo se vuelve gris e inapetente, monótono e insulso.

Y por ello aparece el placer como una EXPERIENCIA NECESARIA para el ser humano.

Lo cual me convoca a aludir a “los enemigos del placer”, en lo cual seré breve porque ya antes escribí sobre ello.

Viejos filósofos como los estoicos fueron enemigos del placer.

Y más aún ascetas y moralistas.

Históricamente parece haberse llevado la palma la ideología de la iglesia católica, en especial en lo que se refiere al placer sexual.

Han sido realmente demenciales las recomendaciones y recetas manifestadas al respecto, sobre todo las referidas a la mujer.

En realidad han intentado “malignizar” la sexualidad y casi a la mujer misma.

Ninguna forma de pensar meramente sensata

puede admitir todo esto.

Sin embargo (¡ojo!) advierto del peligro de que se hayan quedado en el subconsciente muchas de esas condenas, a pesar del progreso cultural…

EL PLACER ES OBJETO DEL DESEO.

La inmensidad inagotable del DESEO, esencial en el ser humano, busca siempre el placer.

Ello está inscrito en el cerebro y en el ser mismo del ser humano.

ES ENERGÍA DE LA VIDA QUE SE MANIFIESTA.

Por ello se equivocan radicalmente sus enemigos.

Y por ello también ha sido asunto investigado por filósofos y religiones. Epicúreos,  hedonistas, eudemonistas. Psicólogos cuando aparecieron. Los moralistas siempre…Los tantras y su camino a la kundalini…Freud con la libido y el “id”…Margaret Mead defendiendo la sexualidad de la mujer…

Ciertamente, como energía que es, el deseo y su objeto el placer NECESITAN SER COMPRENDIDOS.

Es tan esencial su dinámica que no se puede ignorar.

Y hay algo muy singular que es preciso alcanzar en esa comprensión, que no puede ser meramente intelectual.  Mientras lo sea, NO HAY COMPRENSIÓN.

Se trata de LA PRESENCIA DEL EGO EN EL PLACER.

¿Cómo no iba el ego a intentar apoderarse de esa fuente de energía que puede llevar al ser humano hasta Lo Infinito?

Y justamente aquí señalo lo que –para mí- constituye la diferencia entre placer y gozo.

MIENTRAS EL PLACER HAGA REFERENCIA AL EGO,

NO ES GOZO.

Porque precisamente concibo la experiencia del gozo como PLACER SIN EGO.

Cuando “nos perdemos” realmente en la experiencia.

Cuando El Amor nos guía.

Cuando es el ser del otro el que invade el nuestro

y no ponemos ni barrera ni filtro.

Cuando “desaparecemos” y solamente resplandece ese gozo de la otra persona.

AVISO de que no estoy haciendo una diferenciación TEÓRICA, sino real y existencial.

Y sé que me comprenderán “quienes amen”, aquellas personas a las que cada día el amor les rasgue el alma, que se rompan y se creen (de “crear”, no de “creer”)  NUEVAS…  

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Publicado por en 18 enero, 2013 en Reflexiones y vivencias