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Archivos Mensuales: agosto 2013

Corrupción, corrupción, corrupción…

Parece que en nuestro país les ha dado a los medios informativos por jalear

el asunto.

Aunque –curiosamente- se han escrito tan sólo un par de libros, cuando en otros

idiomas (según escuché) existen hasta cuatro mil publicaciones

 (por ejemplo, en inglés).

Y me parece a mí que no es porque en nuestro país sea menor la corrupción

que en otros, sino que otras deben ser las causas de este hecho, muy ligado

en mi opinión a “la idiosincrasia” nacional…

Y, por de pronto, me gustaría denunciar la hipocresía latente en todas estas

manifestaciones,  porque parece que “la gente” se siente superior moralmente

cuando denuncia a otros.

Y esta presunta superioridad es justamente una de las causas de la proliferación

informativa, porque los medios buscan al cliente y el cliente suscita lo que digan

los medios…

“¡Con lo honrad@ que soy yo…!…Que nunca haría lo que hacen ellos…”

Sucede una vez más que lo externo prevalece sobre lo interno, lo más aparente

sobre lo más real.

¡Qué poc@s son quienes –al escuchar o leer noticias de corrupción- se miran

a sí mism@s para desvelar la propia!

¡Qué poc@s son quienes no juzgan (que ya para ello están los jueces), quienes

no comparan, quienes no se consideran inocentes!

Y no aquellos que sitúan  la corrupción como una realidad de determinado número

de “desaprensivos”, en vez de darse cuenta y considerarlo como UN HECHO

HUMANO.

¡Todos somos corruptos, amig@s!…¿no lo habéis visto?…

Claro está que la manifestación depende de las oportunidades, las circunstancias

los condicionamientos cerebrales…

Pero si nos observamos teniendo en cuenta “nuestros filtros”, si somos honestos

advertiremos las corrupciones en las que caemos diariamente y en las que

caeríamos si nos dieran la oportunidad…

Es muy diferente, amig@s, mirar la corrupción ajena siendo conscientes de la

propia. Esa mirada se empapa de compasión en vez de dureza. Se humaniza.

No se justifica, no. Lo corrupto es corrupto y merece ante la ley humana una

justa compensación.

¡Pero todas esas “emociones falsas e hipócritas” que se destilan ante tales

hechos, bien podríamos darnos cuenta de que no tienen sentido!

Cierto es que esos corruptos, de un modo u otro, han abusado de nosotr@s,

nos han robado. Y la justicia lo habría de enderezar cuanto fuera posible.

¡Pero y el daño que produce otros nuestra propia corrupción!…

Seamos, pues, más equitativos, apuntémonos lo propio y dejemos más a un

lado lo ajeno, sobre todo cuando no es “tan directo”…

Vivir en paz es un bien muy superior. Consigo mism@, con los otros, con el

Universo…

Sea así, amig@s…

 
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Publicado por en 23 agosto, 2013 en Reflexiones y vivencias

 

En bendita desnudez…

No me voy a referir, amig@s, a la desnudez física.

¡Porque hay tantas vergüenzas, tantas represiones, tantos tabús, tantas

costumbres y normas morales por medio que sería probablemente casi

inútil luchar contra tanto adversario mental!

Puede ser que protesten los nudistas que han luchado por ello y han conseguido

sus victorias.

Estoy de su parte, lo declaro.

El cuerpo humano es bello y no encierra ningún mal.

Ya en aquella serie de televisión se le mostró al protagonista que no tenía

el cuerpo nada “sucio” sino que era él el que tenía “la mirada sucia”.

Y los pobres moralistas, en su atávica persecución de la mujer ya desde Eva,

la madre de la humanidad según su propio discurso, trataban de cargar sobre

ella todas las culpas y analizaron el atuendo femenino hasta la demencia

misma,  midiendo centímetros, alargando faldas y pantalones, reduciendo

escotes, pugnando para que no llegaran a verse ni los sobacos…

¡El cuerpo de la mujer no podía verse, era “la tentación”!

Y tampoco el del hombre, claro está.

¿Nudismo?…¡Qué horror!…

¿Y qué hacían ellos con las artes clásicas, esos griegos y romanos que mostraban

cuerpos desnudos?

“Eran paganos”…”No conocían la pureza ni la castidad”…

¡Pero los pobres moralistas, los casi ruines moralistas, fueron derrotados por la expansión de la vida!

Y Eva mostró su cuerpo arrebolando al mundo, inundándolo con la luz de su

belleza.

Y sucumbieron pintores y escultores.

Y se puso la mujer, por la calle, la minifalda y el escote y el “top”.

Y las cantantes compitieron en aparecer ante sus “fans” con la mayor

escasez de ropa y la más insinuante.

Y aparecieron en las playas los bikinis y los tangas.

Y optó también el hombre por la prenda más reducida.

Y lograron los nudistas la protección legal para sus playas…

Y emplearon las Femen sus pechos desnudos como arma contra la increíble

represión de los bárbaros que consideraban causa de muerte su desnudez…

¡Y caminaron todos hacia la bendita desnudez!…

¡Qué bochorno para “los moralistas”!

¿Habrán llegado ellos mismos a pensar que justamente  son los que

“tienen la mirada sucia”?…

Pero no os iba a hablar, amig@s, de la desnudez física. Que siempre empezamos

los humanos a actuar “desde fuera”. Y muchas veces nos quedamos tan

satisfechos con ello, que pensamos que ya no hay nada más que hacer.

Y ahí sigue pendiente ¡la desnudez de sí mism@!

Llamadla “sinceridad”, o mejor aún “autenticidad”, que aquella consiste

en mostrar lo que piensas y sientes, y esta otra en mostrar lo que eres.

¡Esa es la verdadera desnudez!

Mostrarte a los demás como eres, sin máscaras ni disimulos ni adaptaciones

falsas…

¡Pero  -ay- aparece otra clase de vergüenza y otra clase de temor!

Temor al juicio ajeno, temor a la comparación, temor al rechazo.

Todo lo cual es –en suma- sufrimiento psíquico.

Pocas son las personas sinceras. Y menos aún las auténticas.

Cierto es que no estamos obligados a declarar en prensa nuestra intimidad

y afrontar con ello peligros sociales.  ¡Lo haremos si realmente lo queremos

afrontar!

Pero nada nos obliga. La obligación es uno de los subproductos de de la

norma moral. ¡Y ya el Maestro Jesús la abolió señalando al AMOR como causa

única del Bien!…

Sin embargo, amig@s, nunca el temor ha de ser nuestro consejero, porque

rompe la libertad.

Los “mártires” cristianos que morían en el circo romano, no tenían ninguna

obligación de hacerlo si en verdad les guiaba El Amor.

¡”Podían” hacerlo si esa era su guía! ¡Sin obligación!…

La “bendita desnudez” se encuentra aquí, amig@s mí@s.

Sin coacciones ni compulsiones internas para “decir la verdad”.

¡Mostrar el propio ser en pura libertad, porque sólo desde ella puede

soplar con toda su fuerza infinita el viento del Amor!

Y se unirán entonces, de manera real, la desnudez externa con la interna.

“El nudismo del ser”…  

 

 

 
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Publicado por en 22 agosto, 2013 en Reflexiones y vivencias

 

Carta de amor al AMOR.

¡Ay Amor cuánto deseamos tenerte!

¿Dónde estás?

¡TODOS los seres te buscamos y a veces nos parece que estás en nuestro

corazón!

¡Y tantas otras veces, cuando se acaba lo que sentimos, dudamos de que nos

hayas visitado!…

Es verdad, Amor, que hay personas que se defienden tanto de sentir que parece

no importarles amar.

¡Pero no advierten ellas que se aman a sí mismas y a su control!

Intentan cambiar tu naturaleza, para caer a la postre en otra forma tuya,

en el amor de sí mism@s…

Much@s, sin embargo, te andamos añorando. Much@s perseguimos tu

presencia embrujadora. Much@s sentimos que no existe Vida sin Amor…

Y -¡ay!- sin embargo, no es lo mismo desearte que AMAR.

Solamente si el deseo se torna totalmente infinito puede coincidir contigo.

Infinito deseo es también infinito Amor.

Pero cortamos también nuestro deseo. Parece que lleváramos en la mano

una cuchilla de terrible filo a la que llamamos “realidad”.

Y siendo así que no sabemos nada o casi nada de lo que es LA REALIDAD,

nos apañamos una imagen, cada uno a su manera, para cortar en rodajas

“digeribles” trocitos de realidad y –por ello también- trocitos de amor.

¡Qué poc@s saben que LA REALIDAD ES EL AMOR!

Y andamos deseando amar escasamente cuando ello es LA ÚNICA ACCIÓN

REAL.

Y vienen las convenciones…

Y vienen las reglas…

Y viene el qué dirán…

¡Y viene el temor a haber perdido la cordura y que nos piensen locos!

Y contenemos y cortamos el deseo.

Y contenemos y cortamos la entrega total.

Con lo cual jamás llegamos en verdad A AMAR.

Nos decimos que hemos de trabajar (¡dura condena –cuando no es gustoso-

de poderes establecidos en la tierra!).

Nos decimos que no se puede estar amando todo el tiempo…¡Y que no hay

que exagerar!

¡Pero si AMAR es la pura exageración, el movimiento vital que no tiene

límite!

¡Ay amig@ no te canses!

¡Ay amig@ no tengas jamás medida!

Y recuerda –o mejor, ten presente- QUE LO UNICO REAL ES EL AMOR.

 
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Publicado por en 20 agosto, 2013 en Reflexiones y vivencias

 

Un inaudible canto…

Un inaudible canto a ti te envío

que lo escuche tu cuerpo en el silencio,

traduciendo en la paz las notas todas

con las que acariciarte yo te quiero.

Ni distinguir podrás las vibraciones,

que habrán de recorrer todo tu cuerpo,

de brisas amorosas mañaneras

y de mi amor, tan silencioso y tierno.

Que te he de amar al canto de la aurora

cuando nace la luz sobre los cielos.

Te he de cantar con inaudible canto

entrando en la dulzura de tus pechos

y el arrobo sentir que te levanta

en el aire por cima de los suelos.

Abierto el corazón a las alturas,

de herida irremediable siempre abierto.

Te he de cantar con inaudible canto

que hasta el alma te rasgue en el incendio

de tal amor que tú jamás ya puedas

dejarlo de sentir hasta el extremo.

Te envolverá mi canto en el abrazo

total y fuerte de tu ser entero,

te olvidarás de todo y solamente

en ti se quedará el amor completo.

Huída por la puerta de la aurora

no podrá perseguirte el pensamiento,

las alas del amor te habrán raptado

y sólo vivirás un mundo nuevo…

 
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Publicado por en 15 agosto, 2013 en Poemas

 

Carta de amor a quien intenta amar.

¡Qué noble, amig@, es tu intento!

Sólo por ello mi corazón te quiere amar…aunque mira qué paradoja:

EL AMOR no tiene motivos.

Cuando tenemos motivos resulta ser nuestro ego quien los tiene.

Y cuando hay ego…¡no puede haber amor!

Nos sucede, amig@, que podemos saber cuándo no amamos, pero no cuándo

sí.

Porque EL AMOR  -ya nos lo dijo un sabio-  “no cabe en el cerebro”.

Y, sin embargo, es el cerebro el que nos hace sentir, el que se llena con su

cóctel de hormonas que nos arrebata, nos empuja hacia el amado o la amada

de forma tal que desaparece toda duda sobre si estamos amando.

¡Nos creemos embargados de amor! …

Y ahora vengo yo a desilusionarte.

Pero mira, amig@, te intento decir por dónde no se va. Ahorrarte el error.

¡Y ello parece ser amoroso!

¡Ay si supiéramos cuál es el camino del AMOR!

¡Me parece que much@s nos lanzaríamos en tromba por él!

Pero resulta ser ¡que no hay camino!

¿Y cómo, entonces, nos podremos encaminar a ÉL?…

Parece ser que no es cosa nuestra, sino Suya.

Y nosotros, en vez de “hacer”, ¡tenemos que “dejar de hacer”!

Hemos de observar lo que estamos haciendo cuando decimos que amamos.

Por ejemplo, si “exigimos” a la otra persona.

Por ejemplo, si estamos esperando cosas de ella.

Por ejemplo, si queremos que actúe a nuestro gusto.

Por ejemplo, si de algún modo la manipulamos…

¡Y DEJAR DE “HACER”!

Y por ese camino “negativo” al parecer, podrá suceder, amig@, QUE

APAREZCA POR SÍ MISMO EL AMOR!

Resultará ser un viaje no pretendido al corazón del Universo.

¡Conducidos por él, arrastrados muy lejos de nosotr@s mism@s!

Y al verlo lo celebrarán todas las estrellas porque un suceso cósmico acaba de

acontecer, transformando a dos pequeños seres en Lo Universal.

 

 
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Publicado por en 14 agosto, 2013 en Reflexiones y vivencias

 

Un diálogo especial.

Un diálogo especial.

Hoy ha sucedido. Y ha sido importante para mí.

Seguro estoy de que muchos dirán “¡irrelevante!”…o “bueno, fantasía y un

hecho algo curioso”…

Para mí, importante.

Ha sido otra vez un diálogo con una urraca, tal vez la misma que otras ocasiones.

Y ha sucedido de manera inequívoca y con variantes especiales.

Ella sin duda tenía curiosidad, saltaba en las ramas de la encina y se asomaba

a mirarme.

Las había llamado yo a ellas “sinvergüenza”, jugando con el doble sentido de

no sentir vergüenza y ser desvergonzadas. Porque entran tranquilamente en

la caseta de los perros para comer de su pienso…

Pero las veía entonces a distancia, no ya física sino psíquica.

Hasta que tuve un diálogo con una –o tal vez dos- de ellas.

Fue prolongado. Con variantes en los “graznidos” mutuos.

Y me dejó una grata sensación…¡Ya no eran esas aves “sin vergüenza”!…

Pero lo de ayer…¡fue mucho más singular!

El ave comenzó a producir sonidos diferentes.

Comenzó con su graznido habitual, pero pronto emitió sonidos que nunca

antes se los había escuchado.

Llegué a pensar que había aparecido otra ave…y es posible…La racionalidad

lo pedía…

Cesaron los graznidos y se inició una nueva gama de piídos armónicos y suaves.

¡Y muy dulces!

Yo estaba sorprendido y desbordado, porque ya no podía seguir imitando

los sonidos. Lo intenté malamente, como pude…

Eran melódicos incluso. Podría haber sido un mirlo o un ruiseñor.

Pero el caso es que  -fuera cual fuese el ave-  continuó el diálogo.

Ni voló ni enmudeció.

Y seguía yo imitando las notas que ella producía.

Y pese a que mi imitación fuera burda desde mi perspectiva, ella seguía…

Continuamos los dos.

La sensación de diálogo era intensa.

¡Y la alegría!

Sentía muy claramente que estábamos en contacto, el ave y yo.

Ser de naturaleza, no humano, de quien no esperaba comunicación.

Me parecía cruzar una frontera, entrar en mundo nuevo.

Romper el aislamiento humano y poder dialogar con seres diferentes, inocentes

por completo.

¡Y tan dulce y tan bello y tan armónico!

Un acontecimiento sin precedente…

 

¿Podéis entender, amig@s, que para mí fuera una experiencia importante?

 
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Publicado por en 12 agosto, 2013 en Reflexiones y vivencias

 

Elogio a la amistad.

Acostumbrada está la gente a ponerle “gorras” de palabras a

la realidad.

Puedes, por ejemplo, ver en Facebook a quien “presume” de tener

“mil amigos”, los cuales se han convertido en tales por la simple

declaración que ese programa presta.

“Fulano o mengana es ahora amig@ tuy@”.

No digo que la amistad no pueda surgir ahí, o en una fiesta, 

o por la calle incluso en un encuentro casual, o por la radio…

Venturosamente, a pesar de la carga milenaria de nuestro

subconsciente, la amistad como forma del amor se puede colar

por las rendijas de nuestro ser, pasándose defensas y barreras,

colándose por rendijas de armaduras y haciendo burla del “control” con el que

constantemente quiere defenderse nuestro ego.

Puede ser la amistad tan sólo un sutil acercamiento a la otra

persona, como el leve movimiento del pajarillo en el árbol poniéndose

en una rama más próxima a la del otro pajarillo.

O puede ser una altísima coincidencia del cómo pensar y sentir,

del cómo valorar y hasta de cómo ser.

Ambas personas, sin siquiera saberlo, son aves que tienen mismo

nido en mismo árbol. Y cuando la realidad, en un momento dado,

se lo hace patente, se realiza el gozo del encuentro.

Es entonces cuando la amistad recorre todo el espectro del otro

ser, produciéndose una unión tan resistente que se puede

prolongar toda la vida, que logra superar distancia física y hasta

aquellos problemas o desencuentros que  -para otros-  son el

final.

Podríamos hacer más honor a las palabras y dejar de llamar “amistad”

a esas relaciones tan de superficie y tan banales, tan vacías de contenido

que apenas pasan de saberse el nombre de la otra persona.

“Yo tengo mil amig@s en el Facebook” es tan escasa gloria como la de

quien colecciona sellos usados de correos, sin atender a más particularidad

que la de ser sellos. Tal colección jamás tendrá “valor” e igual sucederá

con esos miles de amistades.

“Dimidium animae meae”, la mitad de mi alma se llamó al amigo o a

la amiga. ¡Eso sí es amistad!

Pero les gusta tanto a los humanos presumir, y temen tanto a la soledad

que hoy en día, apoyándose en la tecnología, se satisfacen con esos

“cromos” que no tienen ningún valor.

El movimiento real de la amistad es justamente el contrario.

La presunción –ante el amigo o la amiga- no tiene lugar, del uno al otro.

Pueden sin duda presumir de sus éxitos, pero la otra persona ¡lo comparte,

también es éxito suyo!

Sí que existirá entre ellos la mutua admiración.  La admiración verdadera

que no oculte envidia alguna (como es frecuente en tantas admiraciones)

sino clara percepción de ornatos personales de la persona amiga,

existe siempre en la amistad, como también existe en el amor.

Gracias a ello muchas son las veces en que puede algún amig@ ayudar

al otro a afrontar una situación, un reto o un problema, porque le

puede desvelar aspectos de sí que conoce mejor que el propio sujeto…

Y la siguiente condición de realidad es ¡el número opuesto!

De los muchos, de los casi innumerables que presumen aquellos,

a uno, dos…a muy pocos. Porque tal cercanía y tal unión es más escasa

que los metales preciosos y las perlas.

Suele objetarse a la amistad entre hombre y mujer. Decía un filósofo

francés que “toute amitié entre un homme et une femme, est une

amitié amoureuse”.

Suele tener dicha amistad “toques especiales de intimidad”, aunque de suyo, si es

clara amistad, no implica relación sexual.

Las invenciones actuales señalan la “amistad con derecho a roce”.

Pero me parece ser ello un eufemismo, en vez de hablar sin más de

relación sexual entre hombres y mujeres que se tengan un cierto afecto.

De nuevo se empeña la gente en buscar palabras para definir lo real,

camuflándolo en lugar de patentizarlo.

Heidegger definió la verdad como “la patencia del ser”. Y aunque

personalmente aseguro que la verdad no puede estar en las palabras

ni expresarse con ellas, el serio intento de “no falsear” (cosa distinta

de “decir la verdad”) conduce a un cuidado selectivo de las palabras,

estirando al máximo su escasa naturaleza para que –al menos-

sus contenidos no sean meros camuflajes de otras cosas…

 

Extraordinaria realidad es la amistad, cuando REALMENTE ES.

Bendición de los dioses y acto ella misma propio de los dioses…    

 

   

 
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Publicado por en 7 agosto, 2013 en Reflexiones y vivencias