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Archivos Mensuales: junio 2010

Violeta

Conozco a una persona que es igual que las violetas.

Es una mujer. No sólo guapa, sino preciosa.                

Ojos y melena negros, digna de Julio Romero de Torres.

Su aura tiene que ser como las violetas por cómo es ella.

Dicen los que saben de estas cosas que el color violeta en el aura es de gran elevación

espiritual.

Y a mí no me extrañaría nada porque su inmenso corazón no para de sufrir con los que sufren, tanto que sus seres queridos la riñen por sentir tanto por los demás…

Se me ha hecho presente hoy en una carta. Por eso entra en mi vivencia de hoy…

Ella, como la violeta, no se adorna.

Se pone encima un pantalón, una blusa y calza unas zapatillas deportivas.

Y de ponerse falda larga y zapatos altos, dice que no se sentiría ella misma.

Ella es una flor del campo que no se cuida. Ya la cuida el cielo, la lluvia y el sol.

Y no quiere ponerse en primeros planos. Ya hay otras que los desean…

Enseguida se pone a querer a la gente. Como si fuera su profesión. Le sale de dentro.

Nada tiene que forzar ni que esforzarse.

Y, naturalmente, sufre mucho. Sufre por los demás.

Sufre cuando no puede arreglar un conflicto entre personas.

Sufre cuando ha estado dando sin parar y luego no la quieren.

Y no es que busque que la quieran: da sin poner precio.

Pero es que ciertamente es doloroso, cuando has dado tanto, que no te quieran después

Mirar a la cara.

Sabe, pues, de desengaños. Pero no aprende de ellos lo que le dicen que tiene que apren-

der .

A éso su corazón su corazón se niega. Lo quiere ignorar.

Y persiste en seguir queriendo a la gente aunque nadie –o casi nadie, porque hay tam-

bién personas que saben agradecer y querer-  se lo agradezca.

Pero ella comprende muchas cosas, más cada vez.

Va sabiendo más del ser humano y es capaz de acogerlo más.

Porque sabe aceptar pase lo que pase.

Porque no sabe devolver ofensas.

Porque no se defiende de sentir.

Porque su corazón se hace más grande y aún le cabe más gente dentro.

Le pasa igual que al Universo que crece constantemente, ampliando más el espacio,

criando más estrellas.

Ella dice que va muy lento. Pero sus emociones son constantes, como un río enorme

y caudaloso, un Nilo o un Amazonas que parece que agrandan el mar…

Y en realidad no sabe cuánta tierra está inundando en los corazones ajenos y en el im-

palpable mundo real que apenas conocemos.

Seguro estoy de que esos seres invisibles lo contemplan. Y de que ella es noticia en la

prensa Universal. La que no habla de política ni de finanzas. Pero sí del valor del corazón.

Me acuerdo de “la perla escondida” de la que habló Jesús.

Y del “jardín secreto” cuya esencia conocen pocos.

Del sembrador que siembra su semilla y ella va creciendo sin que sepa cómo.

De la fuente escondida en la montaña que sólo han visto los que supieron subir muy

alto…

Igual que la violeta que puede nacer en medio del campo

 y sembrar su color allí para orgullo de la Luz…

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Publicado por en 30 junio, 2010 en Sin categoría

 

¿Nuevo hermanito?

No creais que es humano. Se trata de un gatito.

Volvíamos ayer del cine – una película de aventuras adolescente que en esta

familia también gustan- cuando paramos en zona campestre por un motivo

personal e intrasferible.

Al volver mi hijo, traía una cosita negra entre las manos, con mucho mimo.

Un gatito negro, chiquitín pero ya destetado como demostraban su dientecitos

agudos.

Se metió con él en el coche y el pequeño se puso a saltar de ocupante en ocu-

pante, confiado y seguro a pesar de estar entre desconocidos.

Saben hacer éso los cachorritos, demostrando a los que viven la vida con distan-

cias y temores que es “natural” la confianza…

Pensaba yo que iba a ser breve su visita y que pronto le devolveríamos a su su-

puesto lugar de vida.

Pero insistió él en retornar reiteradamente al coche y mis hijos –con tácito

acuerdo- con él en brazos, se dispusieron a reiniciar la marcha nocturna.

Creo que mostré alguna muy leve resistencia pensando en la reacción de los

otros seis miembros de la familia: Bimba la Poderosa, Reina la Dulce, Alba la

Presumida, Chiti el Gruñon, Bambang el Benjamín, y Katia gatita ella – perros los

otros- la Empática, que milagro de empatía y tenacidad fué el saber hacerse lugar

entre los tres últimos.

Pero tenían mis hijos – en especial mi hija, a la que en un poema llamé “princesa

de los seres diminutos”-  harta experiencia en salvar pequeños náufragos de la

vida, y no les noté la más mínima duda.

Lección de la que tomé nota, porque el amor –cuando decide- no se anda con

zadarandajas de “¿y qué vamos a hacer con los otros?…¿y dónde  vamos a

poner a éste?…”

Vino él, durante el viaje, dentro del maletero por el riesgo –anotó mi hija- de

que se metiera debajo de los pedales del conductor, provocando alguna peligro-

sa situación, o para él o para todos.

Maullaba constantemente debido a su inseguridad en aquél desconocido

 espacio. Se le había transformado su alegría en encierro. Y no podía él ni sospe-

char que justamente ésa era la señal de su posterior ventura.

(Casi no hace falta señalar que el mismo proceder es el humano, tantas y

tantas veces que la vida nos encierra aparentemente, porque detrás nos tiene

preparada la alegría…).

Llegamos a casa y el chiquitín fue rescatado de su aparente prisión.

Tras comer abundantemente –de seguro con exceso por el hambre acumulada-

le intentó mi hija incorporar al ambiente familiar de Katia, los dos hermanos

Chiti y Bambang y Alba.

Supe a la mañana siguiente que no había sido bien recibido.

Y la inmediata consecuencia fue que logró convertirse –al menos de momento-

en habitante de la “zona humana”.

Y me saltó  la mente  -por el contraste-  hacia otros seres, los invisibles.

¿Nos aceptan ellos a nosotros de mejor manera que los visibles y claramente

 semejantes?

Porque, desde luego, tal parece que existen, aunque pertenezcan a otro de los

probablemente casi infinitos planos de existencia…

¿No especulan –y no sé si tienen prueba alguna o no- los científicos

 con lo que llaman “espacios enedimensionales”, donde la escasa imaginación

 nuestra se pierde tratando de visualizar espacios de seis, o de diez o de veinte

 dimensiones?.

De los ángeles habló la Biblia, la Iglesia luego. De los “devas” –su equivalente en

otra doctrina- hablaron los teósofos. También de los maestros

 ascendidos y los guías…De espíritus desencarnados ,los espiritis-

tas. De los fantasmas, la gente…

¿Y va a ser tan reducida nuestra mente que niegue POSIBILIDAD

 de existencia a seres diferentes de nosotros?

Lo han llamado, al pensar así de la realidad, “realismo ingenuo”

 y también “antropocentrismo”.

Pero denominaciones intelectuales aparte  -¡qué más da!- parece

 que debería ser la hora en que la mente humana no se dedique

 a poner BARRERAS A LO POSIBLE.

“Yo no creo en esas cosas”, te dicen.

Tampoco yo, que estimo que “no creo” en nada. Lo verifico antes

de afirmarlo. De la manera posible, no en el laboratorio,claro.

Pero por eso precisamente, porque no me siento atado a ningún

 acto de “creencia” positiva o negativa, puedo aceptar que TODO

ES POSIBLE.

¿Cómo vamos a explorar lo desconocido si ya de entrada negamos

su posibilidad?

Perdóneseme, no me parece inteligente.

Lo que exista o no, no puede estar pendiente de que un humano

lo sepa.

¡Bueno estaría nuestro siglo de inventos tecnológicos y progresos

científicos si hubiera dependido su logro de la opinión de cualquier

 humano medieval!

Eso que llamamos “progreso” no sólo reside en técnicos y expertos.

Ellos dan por hecho que pueden “descubrir”.

Pero “el progreso de la mente humana” también se encuentra en

 abrirse a todas las dimensiones, no solo y empecinadamente a

 aquella que, finalmente, podamos ver y tocar.

EL HORIZONTE TOTAL DE LO POSIBLE ES LA CONDICION PARA EL

CONOCIMIENTO ILIMITADO…

 

Y allí dejé al “nuevo hermanito” correteando por pasillo, cocina

y habitación de mi hijo, a su antojo de cachorro. Diminuta bola

 de pelo negro y patitas, alegría en movimiento de la vida ince-

sante…

¿Qué va a ser de él?. Ignoro sus peripecias igual que las de mi

 propia vida.

Pero él ha sido acogido en el amor y como yo mismo –en medio

 de la inseguridad- tengo la certeza de que El Amor no falla…

   

 

 
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Publicado por en 29 junio, 2010 en Sin categoría

 

´Bajé al pueblo

He bajado al pueblo a hacer unas compras.

He ido por una carretera interior que atraviesa el campo.

En compañía de árboles a ambos lados, y árboles en medio del campo y arbustos y

prados…Y algunas vacas y toros pastando…

Hacía sol al ir. Menos al volver. Y ahora se arraciman sobre mí nubes oscuras, madres

de la lluvia…

Pasé a la ida y a la vuelta junto a la Yeguada Centurión, de evocación romana aunque

no bélica, que por su limpieza y hermosa planta parecen los establos más bien un hotel

para caballos.

Ví en el pueblo algunos cigueñatos en los altos nidos.

No sé cuánto tiempo más se quedan las cigüeñas, pero seguro que permanecerán hasta  

que ellos estén fuertes para volar su largo recorrido.

Me vinieron a la mente amigos queridos y les deseé esta luz y esta belleza, junto con

el amor que les mandaba.

Y el nieto de mi amigo y vecino ocupó lugar en el corazón, mandándole energía sanado-

ra…

Ahora mismo esas madres nubes acaban de dar a luz su lluvia. Refresca un poco más el ambiente y el rumor de la cortina de lluvia hace música de fondo…

Cuando volvía del pueblo estaban frente a mí los otros eslabones de la cadena mon-

tañosa. Y allí estaba “el monte de Maribel”, el que ella llamaba “el suyo”.

Monte antiguo, de cumbre redondeada por la erosión, muy desnudo de vegetación

por su gran superficie pétrea…Sólo levemente semivestido acá y allá por líquenes y

musgos…

Ella amaba la piedra del camino y amó este monte en especial.

Ella amaba las ruinas de lo bello.

Amaba a los niños y a los ancianos, a los pájaros enfermos o heridos que –cuando

compramos algunos-  no pudo dejar de elegir entre ellos el que parecía más enfermo

y desvalido…

Ella simplemente amaba.

Muy grande, lúcida y despejada era su cabeza. Prodigiosa su memoria.

Pero el corazón era su mayor grandeza.

Maestra del espíritu, hizo del Amor su ocupación completa.

El Amor y la Verdad, que ésta es sencillamente la mirada de aquél.

No puedo ni calcular ni medir de cuánto Amor llenó los reinos invisibles.

Pero sí que nuestra vida la sembró de Amor…

Y a casa de vuelta llegué con mis compras que entregué a mi hija.

Y –denso el corazón- me paré en el ordenador para poner palabras a mi pequeño

viaje…

 
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Publicado por en 28 junio, 2010 en Sin categoría

 

No sé…

                                            No sé cómo deciros lo que siento     

Cuando me encuentro al sol y a las montañas,

A los pinos y al cielo despejado,

En medio de la luz y de las jaras,

los pájaros casuales y las flores

que al crepúsculo emulan de mañana.

No sé cómo deciros que es un todo

de amor y de bellezas innombradas,

una sola unidad de mil destellos,

espejos de la vida reflejada.

Lo mismo veo el monte que la flor,

el buitre o el halcón, quizás el águila,

la espléndida cigüeña estacional,

venida de su iglesia, allí anidada

y la mínima hormiga imperturbable

de estructurada y pertinaz mesnada;

la urraca sin vergüenza, el mirlo dulce,

los árboles que tiemblan sus cascadas;

cien rocas emergidas en la Tierra

de endurecida y engañosa entraña,

un cuidado jardín, otro salvaje,

la madre encina, siempre victoriosa

del frío, del calor y hasta del agua…

y dos desconocidos que allá avanzan…

 

Mucha quietud humana y mucha vida

natural, espontánea, casi intacta;

aquí el ladrar de familiares perros,

del felino la cuádruple camada,

más allá el mirador y las antenas,

la florecilla azul y la retama.

Todo junto y sereno, en la paz simple

que por ninguno ha sido elaborada.

Y ahí en paz me siento y desbordado

por silenciosas más de mil palabras

que una sola me dicen y no entiendo

de tanto que me dicen, casi nada.

Y me retiro lento, paso a paso,

portando un nuevo peso hasta mi casa,

llevando un no sé qué que no se toca

mas llena el corazón y llena el alma.

 

 

 
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Publicado por en 27 junio, 2010 en Sin categoría

 

Tormenta

El rayo no cayó en casa- Habría sido impredecible la destrucciónn.

Pero hubo de ser muy cerca.

A Sara, mi hija, le recorrió el brazo una chispa luminosa al tiempo que sentía

un golpe muy fuerte. Le quedó muy dolorido.

Y el router y un ordenador se quemaron.

Sucedió anoche. Por ello he retrasado renovar mi blog.

Yo hablaba por teléfono al otro extremo de la casa. Y se cortó ,claro está, la co-

municación. Detrás la luz.

Me acerqué a la habitación donde ellos se encontraban y supe el hecho.

Me dio un salto el corazón. Y enseguida el alivio por verla normal, aun comen-

tando ella lo dolorido que tenía el brazo que –a la vista- solamente tenía una

muy leve hinchazón.

El hecho impresionaba.

Dí gracias por que a mi hija no le hubiera sucedido nada grave.

Mi hijo estaba deprimido: veía los daños producidos.

Sucedía, además, en su propio mundo, que estaban a punto de coronar –en un

juego de red- el derribo y muerte del Rey Exánime. En ese instante llegó la chis-

pa residual del rayo.

Mi hija estaba bastante tranquila, al parecer, y también su novio.

El teléfono volvió a funcionar: llamada a averías, promesa de venida a casa para

poner nuevos routers…

¿Y qué “mensaje” había en todo ello?

Mi hijo –que, como yo, no lo sabía- presumía que era algo negativo.

Dialogó un poco conmigo, a la mañana siguiente, porque mi presunción era

positiva y la suya no.

Me decía que me empeñaba en ver lo positivo.

No llegué a decirle que él lo negativo.

Porque el posible “aviso” de “tómate más en serio el trabajo que has iniciado”

lo veía él más como señal de castigo que de oportunidad de tomar la mejor vía.

El pensamiento puede tomar muchas rutas diferentes.

Y los hechos como tales son “multidimensionales”  y se prestan a multitud de

Interpretaciones.

Pero todas ellas –si nos mantenemos al nivel del pensamiento- son dudosas.

Y la elección de una u otra no depende ya del pensamiento mismo, porque por

todas ellas puede razonablemente circular.

¿Cómo se interpretan los hechos de la vida?

Decía él que si los ves positivos, te saltas la otra línea, también pueden verse ne-

gativos. Incluso aunque asumas una “perspectiva espiritual”.

Y que es simplismo quedarse solamente a la visión positiva.

Se interrumpió ahí la conversación.

Podría haberle añadido que es posible buscar lo negativo en lo positivo y lo

positivo en lo negativo, después de ver lo positivo y ver lo negativo. Lo leí en

Krisnahmurti y lo llamo “cuadrivisión”, parecido al “cuadripolo” de la radiación

cósmica de fondo al que recurrieron científicos para hacer el mapa temporal

 del universo, hasta llegar al “Bigbang”.

 Con lo que la visión ya no es simplista. Y su paso final es positivo.

Pero ¿por qué decidir que ésto sea el final del pensamiento? ¿Y por qué no a

la inversa?.

Sin duda influye en ello “el trasfondo” de la mente. Y decisiones previas ante

importantes hechos sucedidos.

Hay opción ante la vida y todo cuanto acontece.

Si se convierte en premisa mental, no está más justificada que su contraria.

Puede ser entonces “una creencia”.

Partir de una premisa no es pensar, es deducir.

Si la premisa es “creencia”, la deducción entera también lo es.

Y por eso NO HAY SEGURIDAD EN EL PENSAMIENTO fuera de los campos técni-

co científicos.

Entra todo ello en el terreno de LO DESCONOCIDO, incierto por definición.

Y ahí hay OPCIÓN. Insegura opción a la mera luz del pensamiento.

¿Pero puedes hacer otra cosa que “pensar”?.

Ciertamente sí: puedes sentir y puedes “darte cuenta”, ver.

Puedes sentir que a donde no llega el pensamiento, puede llegar el corazón.

Puedes sentir que –aunque la razón no te justifique- el corazón puede albergar

la confianza, sin estarse oponiendo por ello a la razón : a fin de cuentas, te de-

ja ella la posibilidad abierta.

Y lo puedes hacer sin dejarte llevar de “la creencia”, porque dejas abierto el

pensamiento a todas sus posibles alternativas.

Si lo haces “deduciendo” de una premisa que hayas introducido en el nivel del

pensamiento, sí que te estás dejando llevar.

Si lo haces consciente de que tu pensamiento queda ahí, en medio de la duda,

pero las “otras fuentes” te conducen…¿por qué habrás de desdeñarlas?.

No hay seguridad ni mental ni psíquica enfrentadas a lo desconocido.

“No sé”, es la respuesta cierta.

“Y siento ésto”, que cierto es también.

“¿A qué me quedo?”…

Puede que “quedarte” no puedas quedarte a nada.

Un interrogante es lo más honesto frente a aquello que no conoces.

Pero si has visto en tu vida El Amor, ni irracional es ni insensato que lo sigas

viendo.

Y que en tu corazón, abrazada la inseguridad, siga brillando la confianza.

Mantengo seriamente que aceptes la inseguridad, que no mantengas creencias,

que no deduzcas…

Tan sólo mantengo también que no reduzcas al silencio la voz que suena en tu

corazón. Y que TODO JUNTO LO MANTENGAS.

Consciente de la ignorancia, consciente de la duda razonable, consciente de lo

que sientes, consciente –si es que lo estás y sólo entonces- del Amor que te

rodea.

Si eres honesto, has de contar con todo ello. Todo cuanto eres tú.

A nadie evidentemente has de imponerlo.

Tampoco nadie, si te respeta, te podrá imponer a ti lo suyo.

Porque también “lo desconocido” es campo de libertad. Lo mismo que si eliges

un camino montañero para escalar la cumbre, si no sabes por dónde ir.

Decía S. Juan de la Cruz que “para ir a donde no sabes, tendrás que ir por donde

no sabes”. Hablaba él del Corazón de Lo Desconocido, de Lo Sagrado.

Inciertas las dos cosas, pero cierta la conclusión.

Caminamos muchas veces por donde no sabemos.

Y para mí mismo yo decido que –mientras no se oponga la razón por insensato-

le dejo decidir al corazón…

 
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Publicado por en 26 junio, 2010 en Sin categoría

 

Crepúsculo

No es casual, amigos, la foto con que este blog se abre: El crepúsculo.

Por muy sencilla razón: Yo vivo el crepúsculo de mi vida.

Y por más razón aún: Mi amada se marchó ella sola por detrás del horizonte,

detrás de la alborada y el crepúsculo.

Y al terminar su estancia aquí –después de haber vivido la tragedia-  sentí que

en mí quedaba, de algún modo inexplicable, una parte de su magnífico, increíble

corazón.

Ya no siento igual que antes.

Algo hondo sucedió en mí.

No quisiera traicionarlo.

Y por mi edad y por su marcha, vivo yo ahora en el crepúsculo.

Ignoro si mis palabras llegarán a más de unos pocos solamente. Amigos y ami-

gas que la vida me ha traído.

Tampoco me preocupa. Ya hay ojos amigos que las leen.

Y con ellos comunico lo que en este largo o corto final he recogido.

Invitados sin duda estáis, desconocidos amigos que lleguéis aquí y que queráis

leerme.

A todos os trataré con amistad, esa tan bella forma del amor.

Porque, a la postre, quiero ir dejando aquí, cada día un poco de mi vida,

un poco del error y del acierto, del amor y el desamor, de la búsqueda y hallaz-

go.

Antes se escuchaba a los ancianos, aún hay quien sabe hacerlo.

Decían que por serlo, habitaba en nuestro ser sabiduría.

Esa experiencia de la vida, ése haber llegado hasta aquí y todavía querer seguir

viviendo.

Ancianos hay fuertes y robustos. Extraordinarios casos cuentan las noticias.

¡Entre tantos que somos, habrá de todo!

Yo soy sencillamente uno de ellos y sereis vosotros los que podréis decir

si lo que digo os interesa.

Que no por viejo me considero sabio.

Y más en general, me viene grande la palabra.

Algo, sin embargo, os puede llegar al corazón. a uno alguna vez, a otro otra.

Porque somos muy iguales los humanos y del error de otros –sólo si queremos-

es posible aprender.

Y también de algún acierto, que no existe vida humana que tampoco los conten-

ga.

Del derecho al error algo escribí una vez. Pero se fue en un vagón de la descarri-

lada máquina de un ordenador que pereció.

Pero él es muy importante. Nada podríamos aprender sin él, lo mismo que del

fracaso.

No hago mística de ello. Esa que llaman mística de marginados y rebeldes.

Que si quiero hacer mística, la vida entera vale.

Y la muerte también, tan “demodada” (galicismo y todo, ahora me es expresivo

y lo permito).

Tan convertida en estadística y en acciones preventivas.

La muerte, compañera de la vida, que viviendo siempre cerca de ella aprendes

a vivir más plenamente.

Tuve una vez en un curso a una persona, un hombre él de mediana edad.

Ninguno del grupo más atento e interesado que él, por su actitud y sus pregun-

tas.

Después supe que tenía un cáncer terminal.

Pero –a la luz de la muerte- tomó la decisión de vivir su vida a cada instante.

Decimos todos que sabemos que hemos de morir.

 Pero lo más lejos posible lo pintamos.

“Que esa idea no me amargue, no me quite de vivir”…

Y es el hecho  que la forma más plena de vivir es hacerlo a cada instante, como

la muerte enseña.

Nadie aprovecha más la vida.

Nadie reelabora mejor sus preferencias.

¡Cuánto desecharíamos si supiéramos que nos queda poco de vivir!

Sin mística ninguna: solamente para hacer aquello que en verdad queremos.

Aquello que andamos siempre retrasando y que nos es tan importante que tal

noticia empujaría la inmediata decisión.

Vida y muerte han de caminar bien juntas, como amigas, como hermanas.

Sin miedo a ella, ciertamente.

Sin miedo a NADA, que ése es el modo de vivir esta arriesgada aventura  que lla-

mamos vida.

Compañero de la Humanidad ha sido el miedo, pero –perdóname- muy mal

compañero.

Y no creas que es de héroes saltarse el miedo.

Si pudo el héroe -que también es un humano- tú y yo podemos.

Porque todo lo que hace un humano como humano – no jugar al tenis como

Nadal, sino “lo humano”- otro humano también puede hacerlo igual.

Cerebro y corazón todos tenemos los mismos para eso.

Viejos y jóvenes, que tampoco hay edad en ello.

Ni más poder de decisión tiene un joven que un anciano.

Más imprudencia, puede ser…

Es muy bello el crepúsculo, nadie lo duda.

Lo mismo que el amanecer.

Comienzos y finales de la vida son hermosos.

Y no creas que por vivir en él la vida es triste.

Puede ser todo lo contrario.

Ya has subido a la cumbre, ya sabes los caminos.

Ahora puedes mirar las dos vertientes, la clara y ya vivida, y la otra que está en-

vuelta entre la niebla.

A veces en girones se desgarra parte de la bruma, y te parece ver detrás.

Lo que ves depende de cómo fue tu vida. Puedes no ver nada, Y también puedes

otear un mundo nuevo.

¡Cuántas cosas comprendes ahora y compadeces!

Puedes ver al ser humano como nunca sospechaste verlo.

Y bien puedes ser feliz en esta etapa que culmina la vida.

Tienes lo que casi todo el mundo anda tras ello ansioso y hambreando:

¡VACACIONES PERPETUAS PARA HACER LO QUE TÚ QUIERAS!…

Hasta en el DNI te hacen una gracia: Caduca el mío el año ¡9.999!…

Y una cosa –si quieres, como todas- podrás haber aprendido y vivirla serena-

mente.

Una frase de Terencio, poeta latino, que escuché de adolescente y que siento

que,en verdad, encierra una gran sabiduría:

“ HOMBRE SOY Y NADA DE LO HUMANO ME ES AJENO”-

 
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Publicado por en 25 junio, 2010 en Sin categoría

 

ANA

Me he encontrado, en el breve paseo que me decidí a dar, con Ana, encantadora vecina,

mujer alta y delgada, de sonrisa acogedora, rostro a mis ojos grato, de trato espontáneo

y vivo. Persona, en suma, atrayente y agradable.

Salió un momento de su casa Manuel, su marido, al que saludé solamente con la mano

por la distancia que nos separaba.

Algo me contó del negocio que llevaban su marido y ella, y de lo costoso que le resultaba

su gestión con los potenciales clientes.

Le deseé éxito en su trabajo, con la interna sensación de que mi deseo algo podía sumar

a sus esfuerzos.

Seguimos paseando un poco por la calle, entre los chalets de los vecinos, ausentes normalmente hasta el fin de semana.

Vimos aparecer a Roberto, mi vecino y amigo de abajo –porque la inclinación del terreno le sitúa así-  con cara claramente preocupada. Su nieto estaba otra vez malito y se iban todos al hospital.

Nos tomó esa emoción y le dimos nuestros deseos de que el niño se pusiera pronto bien.

 Y definitivamente bien, lo cual subrayó él porque no parecían los médicos haberle cogido

bien el tacto a su enfermedad.

¡Qué fuerte es que un niño pequeño esté enfermo!. Cuando parece que la vida tiene que

brillar en todo su esplendor…

Pero no son nuestras expectativas las que determinan la realidad, sino quizá leyes más mis-

teriosas e ignoradas…

De mi memoria venía –prohibiéndole yo la semejanza- la tristeza tremenda de la niña

chiquitina que perdimos al mes y medio de nacer.,,

Y moviéndose mi deseo de salud para el nieto de Roberto, lo lancé en ese instante silen-

samente al Universo, negando de nuevo que el recuerdo tuviera ninguna semejanza con el

presente. 

 Seguimos paseando un poco más Ana y yo, en la tarde serena que se hacía más fresca por

momentos.

Vestía  ella solamente un swueter marrón y pantalón vaquero, de manga larga aquél pero    fino y poco capaz de abrigarla. Y yo –que pese a ir más abrigado empezaba a notar el frío-

me preocupé por ella y, aunque gustoso habría seguido conversando, la animé a recogerse  en en casa.

Un poco habíamos hablado de los cursos que doy  y de que escribo no pocas veces lo que me viene a la mente y al corazón, y de mi decisión –aún no realizada- de crear un blog.

Nos conocemos poco Ana y yo, pero hay entre nosotros una corriente de simpatía,

de esas que saben saltar por encima del convencional y veterano conocimiento y atajan

muchos tramos de relación.

Sabe con mucha rapidez nuestro cerebro emocional lo que el llamado racional –la masa gris-

tarda tiempo en concluir.

Tuvieron que llegar los neurocientíficos para avalar la importancia  de lo sabido hace mile-

nios, que es el corazón la sustancia de la vida…

Me manifestó Ana su interés –a mi parecer sincero- por conocer tales escritos.

Me dio su móvil, que yo portaba el mío y podía registrarlo. Nos despedimos con dos besos

que ni dí ni sentí convencionales, y nos fuimos a casa, lentamente yo, ella doy por hecho 

que más agil y más rápida.

Abrí el ordenador y me puse a relatar lo recién vivido. Tal como fue de grato y de sencillo..

De esos pequeños hechos fué que la vida hacen humana y que –si quieres- son importantes

y te dan felicidad. Que no son cosas grandes las que la causan, sino el saber vivir en cada

instante ésto que te trae la vida y vivirlo de corazón.

Y ya antes de cenar, por la ventana ví que el crepúsculo avanzaba  y que sobre las montañas

azules se cernían unas nubes de color fucsia, quietas allí hasta extinguirse con la quietud sose-

gada de la noche…

 
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Publicado por en 24 junio, 2010 en Sin categoría