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Archivos Mensuales: septiembre 2010

RENACER

Abrir los ojos a la luz, a la sonrisa y al color.
El bebé percibe antes la sonrisa que el color.
Por amor nació y percibe antes el amor que el estímulo.
El amor es lo primero.
Aunque luego se olvide tanto.
Se deje tapar por ambiciones, por pensamientos, por deseos menores, por construídas maneras de ser…
Esa manera de ser de la que tantas veces no nos sentimos responsables, como si otros nos hubieran construido y tengamos que obedecer a sus mandatos.
Y hemos sido nosotros los constructores.
Decisión a decisión, que enterramos después en el subconsciente.
Y que luego pensamos que es un enorme edificio que –para que deje de existir- hay que cambiarlo ladrillo a ladrillo, interminablemente.
Y por eso renunciamos. ¡Tanto y tan largo trabajo!…
Como si nuestro ser interno estuviera hecho de vigas de acero y de hormigón. Como si nuestro cerebro ya fuera irrecuperable. Como si fuera una masa endurecida ajena y lejana a nuestra propia consciencia.
“¡Llevo tantos años siendo así!”…
Y te niegas la posibilidad y la esperanza. ¡Ya no tienes remedio!…
OLVIDAS QUE PUEDES RENACER.
Que no eres sólo –ni siquiera principalmente- un cuerpo, como un tronco de árbol, que, cuando se seca, se queda así.
En ti habita algo que llamamos “consciencia”.
Que es simultánea a cada uno de tus actos externos e internos.
Y que no se confunde con ellos, es diferente a todos. Tú mism@ puedes comprobarlo.
Es algo que no envejece. Lo tienes desde niñ@.
Sigue siendo limpio y claro.
¡Y no sabes el poder que tiene!
La cultura ambiental te enseñó que tienen poder tus músculos, tus habilidades, tus conocimientos…
Pero no te enseñó el poder del “darse cuenta”.
Por ello no lo cultivaste, no te lo pedían, no te mostraban su importancia ni su alcance.
Aunque siempre estás a tiempo de cultivarlo, has nacido con ello.
¡Y POR ELLO PUEDES RENACER!
Porque tu consciencia no ha envejecido.
Sigue siendo capaz de contemplar todo lo que hay en ti, tus pensamientos, tus sentimientos, tus decisiones, tu memoria.
Y tú eres mucho más tu consciencia que todo lo demás.
El fondo de tu ser es consciencia, percepción, LUZ…
¿Quieres advertirlo y comprobarlo?
¿Quieres conocer esa maravilla que llevas dentro?
Que es capaz de transformar tu vida en todo momento.
Has vivido hasta este momento una vida, una forma de vivir.
¡Pero puedes vivir muchas vidas!
Por eso puedes renacer.
Volver a abrir los ojos y mirar.
Los árboles, los bellos y prodigiosos árboles, con sus copas de cataratas de hojas al viento, su vieja sabiduría.
El cielo y las nubes, siempre diferentes.
La mirada que contiene afecto.
La sonrisa inesperada.
La posibilidad nueva, sin estrenar…
La vida mirada con amor, el amor que nunca muere.
Todo nuevo otra vez…

RENACER ES RETORNAR A LA INOCENCIA.
La segunda, la tercera…¡pero inocencia!
Ver, sentir, entender y comprender la realidad sin ningún telón de fondo, sin un archivo en la memoria de las experiencias dolorosas.
Habiendo limpiado de heridas la memoria.
La inocencia no es “credulidad”, ni estulticia.
Es mirar sin reservas ni retorcimiento. Sin ese “mal saber” de la vida que suele enunciarse como “piensa mal y acertarás”.
Y tampoco es una mirada “plana”, que no ve lo que hay por debajo y “supone” las buenas intenciones.
Es mirar con la mente limpio, el cerebro limpio, los ojos limpios.
No existe mejor psicólogo que un niño para conocer a sus padres. Y conocerlos en realidad, lo que realmente sienten, no sus palabras y su maquillado consciente.
El niño “sabe” que papá dice que piensa una cosa y que no es verdad, porque “ve sus emociones” y se da cuenta de sus actuaciones.
Nada de “inocencia tonta”, sino lúcida.
Pero sin viejas cargas, ni errores ni prejuicios. Sin telón de fondo.
Inocencia y renacer con la mente sana, sin ninguna vieja herida que deforme. Atenta a la realidad.
Y por ello, descubriendo muchas falsedades.
“Papá, ¿por qué va desnudo el rey?”, aquella voz del niño inocente en el cuento, que veía el hecho como era, saltándose temores, intereses y convenciones adultas…
ESA INOCENCIA SE PUEDE RECUPERAR.
VOLVER A NACER CON ELLA.
Si te haces una limpieza a fondo.
De mente y corazón.
Si tiras toda la basura que has guardado.
Si echas al cementerio todo lo muerto que conservabas.
Si separas lo antiguo y lo nuevo, de lo viejo e inservible. ¡Cuántas cosas inservibles conservamos en la cabeza!.
Y peor aún :¡DAÑINAS!
¿Te has parado alguna vez a revisarlas, si me permites que te lo pregunte?
Esas sensaciones de “no valer” disfrazadas de “humildad”.
Ese postergar lo que quieres, hasta llegar a no formularlo, bajo la excusa de que “hay que valorar mucho a la gente”…o de que “hay que querer a los demás, eso es lo evangélico”…
Y luego resulta que –cuando se te llenó el vaso- dices “¡Con todo lo que he hecho por ti!”…
O yéndote al otro extremo de la balanza, esas “máximas” no sólo baratas, sino ficticias, de “no te puedes fiar de nadie”, o “si quieres que se haga, tendrás que hacerlo tú”, o “la gente es ruin”…que usas en el fondo para darle un satisfactorio masaje a “tu ego”, cuando muchas veces has sido tú el provocador de la situación…
Cosas viejas u dañinas.
La inocencia no las guarda.
Decía el Maestro Jesús a Nicodemo esa frase que sabe todo el mundo. “Si no vuelves al vientre de tu madre y no vuelves a nacer…”
Enseguida los predicadores han dado sus interpretaciones… No quiero ninguna de ellas.
Veo solamente que el Maestro sabía que es preciso volver a nacer, volver a tener el cerebro libre de condicionamientos y del todo abierto a la realidad,
Curioso y atento, muy sensible y perceptivo, sin nada establecido dentro, sin nada juzgado ni sabido, sin rutinas ni desengaños ni vejez.
Porque una cosa es tener muchos años y otra es tener la mente envejecida. La “vejez mental” es un suceso irrecuperable…
Volver a sentir la admiración. Por la naturaleza. Por la belleza. Por los grandes y pequeños gestos y gestas. Y no esa ni siquiera aparente sabiduría (que más bien es amargura y escepticismo) del “¡vete a saber por qué interés hizo eso!”…
Las mentes viejas y desabridas.
Las mentes desconfiadas y de vuelta de todo…
¡Perdieron la inocencia y jamás pensaron en recuperarla!
Parecen esas cabezas llenas de ceniza. Grises, por supuesto, pero sin nada que tenga sabor ni aroma…

¡Y RENACER PARA AMAR!
A personas, animales, vegetales y cosas.
Amar difundidamente a lo que existe…
He comido hoy con una pareja que se ama.
Mayores, pero recientes en su amor.
Se hicieron algunos mimos.
Yo, encantado. Deseoso incluso de que se hicieran más.
Mucha gente piensa que “eso, son bobaditas”.
Yo no.
¡Que se amen y que expresen lo que sienten!. Nada más sano ni más bonito…
Detrás he charlado un rato con una amiga que ha salido de sus cavilaciones de si quería a otra persona. Y había llegado a la venturosa seguridad de quererla.
Y empezarlo todo a partir de ahí. Toda la vida.
¡Renacer!
Y por amor.
¡Nada existe que sea más hermoso!…

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Publicado por en 30 septiembre, 2010 en Sin categoría

 

Los Caminantes

El perfil de los montes se dibujaba nítido sobre el telón del cielo azul.
Las hojas verdes del árbol –que se volvían plateadas con la luz- se removían ágiles al toque del suave viento.
La gran masa de las montañas se asentaba sólida al fondo del paisaje como dando seguridad a todo lo que la vista abarcaba.
El campo se prolongaba hasta ellos extendiendo una alfombra del amarillento diluido de los matojos muertos, moteados con el verde de los arbustos vivos y perennes.
Salvo el movimiento de las hojas de los árboles, la quietud era completa.
También el cielo estaba quieto porque ni una sola nube aparecía en él.
Muerte y vida se juntaban.
Las secas matas y el verdor perenne.
Y en todo ello estaba el movimiento de la vida.
Muerte y vida son un solo movimiento.
La vida se gesta muchas veces de modo desconocido, inconsciente y oculto.
Subyace, está por debajo de lo que se ve.
Y la muerte se hace patente como las matas secas, los edificios en ruinas, las costumbres desaparecidas, los momentos dichosos que se querrían prolongar siempre…
Caen también las relaciones entre las personas, las amistades consideradas perennes.
Y quedan los verdes árboles por los que no pasa el otoño, y permanecen.
Y nuevas plantas brotan en la tierra que quedó yerma.
Y sigue la vida abriéndose siempre paso entre la muerte…

Hay nuevos Caminantes en el Camino.
El Camino que no tiene senda definida ni escrita.
Porque es LIBERTAD.
Sólo al principio es precisa la disciplina para entrenar los pies a caminar, los ojos a mirar.
Luego desaparece toda disciplina porque el Caminante ya sabe caminar y ante él o ella se abren distancias sin límites.
Pudo, en esa inicial disciplina, relatar alguien con amor cómo activar las propias capacidades.
Pero al cabo de un tiempo, poco a veces más otras, los nuevos Caminantes no necesitan ya el apoyo inicial.
Y ha de abandonar aquél su papel de iniciador para convertirse en compañero del Camino.
Y se registra entonces un gozo especial, aunque lo tiña un leve toque de añoranza.
Sólo al principio, porque después es aún más bella la compañía y la visión de la luz que crece.
También el águila goza de que nuevas águilas surquen los cielos.
Y el Caminante siente que -aunque dispersos- los nuevos Caminantes son grandes focos que rompen la oscuridad.
Algunos parece que no llegan al Camino.
Sus figuras se desdibujan en la distancia.
Quizás no aprendieron lo suficiente de sí mism@s.
Quizás se perdieron en el bosque de las imágenes y los juicios.
Quizás más tarde reencuentren el camino, en otra oportunidad, en otras palabras y personas.
El Camino es muy amplio y misterioso.
En cualquier instante puede aparecer su entrada.
Quien no lo tomó en aquella ocasión, puede volverlo a tomar ahora.
Siempre en un ahora.
La historia de la apariencia nunca es la historia de lo real…

Evoco ahora a dos recientes Caminantes.
Ambas muy cercanas, muy de la mano sus primeros pasos.
Muy distintas entre sí. El Camino no es algo que uniforme al Caminante.
Pero su corazón ha sentido profundamente y han entrado con pasión en el Camino.
Dos pasiones son precisas para entrar en el Camino:
Pasión por la Verdad y pasión por la Vida.
La pasión por la Verdad te lleva a conocerte.
La pasión por la vida, a entregarte.
Pueden ser muy diferentes los orígenes. Los ríos nacen de modo insospechado en las regiones montañosas.
Esta fuente puede llegar a ser un río…aquella no lo será nunca…
Si te quieres engañar o mantenerte atado a ideas y criterios o intereses, no vas a llegar a conocerte, no se va a desatar en ti la pasión por la Verdad.
Si los sucesos del vivir te empujan –y te dejas empujar- al rincón de ti mism@, si te asustas, si el temor en sus mil formas te domina, la llama de la pasión por la Vida no prenderá establemente en ti.

Ella me ha dicho que el temor ya no le afecta.
Y ella me ha dicho que se ha enfrentado a él y que ya lo ha sobrepasado.
¡Dos corazones libres del temor!
Qué fácil es –tras esto- acabar con los condicionamientos de la mente…
Un mar de emociones me ha producido este doble acontecer.
Alegría, gozo, expansión, orgullo…
Orgullo socrático, de haber ayudado un poco al nacimiento de la vida que no es mía.
Y rayos solares de amor…
Se desdibuja ahí “lo mío y lo tuyo”.
Las fronteras se licúan.
Se convierte todo en un mar de Luz…

La soledad es en este instante más sonora.
La música callada resuena más poderosa.
En el Silencio bullen los colores.
En la distancia se celebra la compañía.
En las vidas aparentemente separadas surgen mil lazos, como zarcillos luminosos, que recorren el espacio y crean sutiles unidades, cercanías, resonancias, unión…
Aunque sean las palabras caducas, aunque lleguen a aplanarse cuando mucho están usadas…la palabra que emerge es AMOR…

 
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Publicado por en 29 septiembre, 2010 en Sin categoría

 

¡Empezar otra vez!

¡De nuevo!
Exactamente como nacer otra vez.
Con los ojos y el corazón limpios.
Después de entregarlo todo y quedarse vacío. Sin nada.
Después de recibir al ave de los ojos profundos, de la tristeza verdadera.
Después de rehacerse el ser por ella.
Que es esencial para la verdadera felicidad. No puede existir sin ella. No se la puede evitar ni huir de ella. Es preciso recibirla si quieres ser feliz…
No te das cuenta de cómo se te va pegando el polvo del camino.
Las opiniones y los juicios y actitudes y decisiones de los demás.
Hay una zona del ser humano que es “relacional”, que se encuentra en el modo de ser de los otros.
Que incluso tiene influencia en el cerebro, los investigadores lo confirman.
Es una especie de “yo del espejo”.
Te reconoces en lo que los otros piensan y sienten de ti.
Y puedes no llegar a percibir que eso es la expresión de ellos, no de ti.
Es su personal giro al caleidoscopio: se ven las formas y colores que ellos han decidido ver.
No se ve ni toda la riqueza de tus propios giros, ni se ve tu esencia individual y única.
Ella sólo es vista POR EL AMOR.
Solamente la mirada del Amor ve LA VERDAD.
Y la Verdad de ti.
Sólo quien realmente te ama, te ve.
¡Y hay tan pocas personas, si es que hay alguna!
Las demás pasan sin verte de verdad.
Y recurren al viejo y equivocado sistema del juzgar.
De tratar de someterte a sus ideas y sus pautas.
Sin conocerte.
Para quedarse satisfech@s con la postura que toman, para darse justificación.
Sin darse cuenta de que no están amando, porque el amor no juzga nunca y comprende siempre.
Y el vacío y la tristeza han vuelto a poner el amor a flote.
Sea lo que fuere de sus actitudes y de dónde se sitúen.
Tú renaces de nuevo en el amor.
Tú recreas el mundo.
Aunque él no lo sepa, ni lo sepan las personas.
¡Empiezas otra vez desde el amor!
Tu memoria está limpia. No hay pasado.
Ni tampoco albergas expectativas de futuro.
Estás ahora.
Ahora brilla el sol y el cielo está por completo azul.
HOY ES HOY.
¡Una maravilla nueva!
Respiras el aire. Sorbes los colores de la vida.
La alegría fluye en el aire, entre los árboles, las cosas, las personas…
La Alegría Hija del Amor.
La que no tiene causa ni motivo como su padre, el Amor.
La que parece venir del aire, de la tierra, del cielo, del Universo…
La que parece brotar inexplicablemente del fondo de tu ser.
La que no tiene que ver con “el contento”, que siempre tiene algún motivo.
Aquella que te nacía cuando a la amada le decías “te quiero… porque te quiero”.
Aquella que cada vez que amas, sin interés, sin esperar nada a cambio, vuelve a nacer en ti.
Aquella que se transforma en bendición hacia todos los que amas, aunque no te correspondan.
Aquella que sigue abrazando a esas personas aunque ellas se distancien y se pierdan en su propio olvido. En sus propios límites, los de su mente y su corazón…
¡Pero tú empiezas otra vez, de nuevo, sin hipotecas, sin nada roto!
Con tu mente y corazón completamente transparentes.
Invitando al mundo entero a que también sea nuevo.
Sin permitir que nada del pasado te condicione. Que nada te contamine. Que nada empañe tu transparencia.
De forma tal que todas las personas que han estado habitando tu pasado, sea lo que fuere que ellas hayan pensado, estén nuevas en ti.
Nuevas y resplandecientes. Con su ser brillante. Con su ser amado.
Como el cielo azul y el sol que brilla.
Como el campo y los árboles y los pájaros que cantan.
Como la Belleza que sonríe en medio de todas las cosas.
El anciano árbol que cobijó a la niña. El monte a cuya sombra se deslizaron palabras amorosas. El jardín cuyo cuidado el sembrador atendió mucho tiempo cada día. El barco desnortado al que ayudó a descubrir su brújula. El aprendiz que no aprendió.
La diosa que se olvidó de que lo era…
Todos los seres nuevos en el amor de ahora.
Que el Amor siempre es ahora, el Amor reina en el reino del Ahora.
Que no tiene ni pasado ni futuro, siempre ES AHORA.
¡Lo que tanto cuesta a los humanos!
Que se aferran al pasado. Se aferran a lo que fue feliz y se aferran a lo que consideraron sus ofensas.
O sus discrepancias, sus distancias, sus juicios y barreras…
¡Sin limpiarse en la fuente de aguas puras del ahora!
Para que no quede el barro sobre su piel.
Para que desaparezca la oscuridad de su memoria y sólo quede LUZ.
¡Tan sólo la LUZ en la memoria!
Seres de LUZ viviendo solamente en la LUZ.
“Lo oscuro”, ¡DESAPARECIDO!.
¡Es tan sencillo!. ¿No has visto cómo se va la noche cuando el sol empieza a asomarse en la alborada?
¿No sabes dejar que la LUZ te inunde?
¿Por qué quieres aferrarte a la oscuridad? ¿Es que sientes que así eres más tú, te tienes más en cuenta, eres más just@ contigo?¿ Porque no olvidas lo que tal vez no conseguiste entender ni sentir, lo que te sobrepasó?
¿Quieres tener límites, los tuyos, los que no has conseguirdo sobrepasar?
¿Y no has pensado ni sentido que TU SER NO LOS TIENE?
Y que puedes ir más allá de todo límite.
Que no necesitas atarte a nada.
Que puedes ¡empezar otra vez!
¡De nuevo, como recién nacid@!
Abiert@ al Amor, al Infinito.
Sin ningún límite en tu mente ni ningún temor en tu corazón. ¡EXISTENCIA PURA!. ¡PURO VIVIR!…

Puedes hacerlo lo mismo que yo puedo, porque no soy diferente de ti, querid@ amig@…

 
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Publicado por en 27 septiembre, 2010 en Sin categoría

 

Sentir y ser individual

El día es lluvioso.
Cielo completamente cubierto. Ambiente fresco.
Apetece quedarse dentro de casa. Ver por las ventanas el día gris, la lluvia que cae.
El perfil de los montes está medio velado. El campo parece solitario.
Como si se sintiera solo. Como si también él sintiera…
Sentir es la esencia de la vida, amig@s mí@s.
Y el mejor camino para conocer lo que somos, nuestra concreta humanidad.
Sentir es el gozo y el dolor, la alegría y la tristeza, la ilusión y la desilusión, las ganas de triunfar y el declararse vencido, la fuerza para vivir y el abandono al morir…
TODO LO HUMANO ES SENTIR.
Hasta lo más intelectual posible, el puro saber, la pura ciencia, procede de una pasión, un intenso deseo, un sentir constante que empuja a investigar más y más.
La constancia, la energía, la autoestima, la humildad y la soberbia, el valor, la cobardía…Todo es sentir.
Lo que haces, lo que hablas, cuánto y cómo te relacionas con otros…Sentir, sentir…
Si sigues hablando del trabajo cuando ya lo has terminado, es porque te gusta, porque lo sientes.
O si hablas de deportes o de cultura.
Y si estás todo el tiempo con un tema o una actividad o con una forma de relacionarte…es tan sentir que lo llamamos “pasión”, un intenso y constante sentir…
SENTIR ES VIVIR.
NO SENTIR ES COMO ESTAR MUERTO…
Sentir te hace darte cuenta de ti mism@. De que vives y eres.
Y, paradójicamente, eso que reclama tu mismidad, tu aparente individualidad ¡es lo que todos los humanos sienten igual que tú!
Sentir nos hace sabernos vivos. No hace sabernos nosotros mismos.
Y eso nos hace justamente iguales a los demás.
Como terminales de ordenador que están recibiendo los mismos mensajes de internet.
¿De una Mente Común?
Un cerebro individual, numéricamente distinto de los demás cerebros, y unos programas de funcionamiento comunes…
Los mismos sentimientos, emociones, deseos y temores que son tu definición como ser individual,
¡son la definición de todo el género humano!
¿ERES UN INDIVIDUO O UN GÉNERO?
¿ERES TÚ MISM@ O ERES LA HUMANIDAD?…
¿Te has fijado en cómo quieres diferenciarte de los demás, eso de “ser tú mism@” como algo exclusivo?
Los ricos y poderosos crean “clubs exclusivos” en los que sólo puedan entrar ellos. Excluyendo a los demás se sienten ellos “exclusivos”, singulares…
Lo hacen con sus clubs porque tienen el dinero…¿Pero has visto que tú lo quieres hacer con tu propia mismidad, “siendo tú en exclusiva”?
¡Curioso impulso humano! ¡Ser singulares siendo genéricos!
Sintiendo TODOS lo mismo, las mismas emociones.
Ricos y pobres, jóvenes y viejos, hombres y mujeres…
Francamente, no parecemos seres individuales, realmente diferentes de los otros.
¿NO SERÁ QUE LA INDIVIDUALIDAD NO ES UN PUNTO DE PARTIDA SINO DE LLEGADA?
¿QUE SOMOS REALMENTE UN GÉNERO Y QUE -SEGÚN NUESTRO RECORRIDO EXISTENCIAL- PODEMOS LLEGAR A SER REALMENTE INDIVIDUALES?

Dicen los neurocientíficos que las neuronas son plásticas. Y, en función de ello, empezamos la vida todos con el mismo cerebro pero –según lo que hagamos con él- terminamos con cerebros diferentes.
Esa plasticidad y esa acción cerebral y psíquica personal es la base neurológica de la creación de la individualidad.
Todas las emociones humanas están en todos los humanos. Pero ¿puedes usarlas de diferente manera?. ¿Puedes concluir y terminar unas emociones y amplificar otras? ¿PUEDES TRANSFORMAR TU SISTEMA EMOCIONAL?
¿Puedes, por ejemplo, no odiar nunca, no desear vengarte, no querer devolver mal por mal, no tener ira ni rabia, no albergar deseo alguno de violencia?
¡Pero no como obediencia a un mandato, no como una imposición sobre tus impulsos y deseos, sino porque ellos DESAPAREZCAN?

Mucha gente pone el ser una “persona moral” en que, teniendo la misma rabia o el mismo deseo de venganza que cualquiera, sea capaz de CONTROLAR sus impulsos, someterlos a la razón y actuar “de manera moral”.
Permitidme que os diga que eso solamente me parece represión e hipocresía.
Porque siendo cierto que es socialmente útil , y conducta más inteligente, NO PERMITIR que esos impulsos se conviertan en acción que dañe a alguien, la persona NO ES moral, puesto que lo que es –que son sus impulsos- está en ella. ES UNA PERSONA QUE SE CONTROLA. Nada más.
La persona, digamos verdaderamente moral, o “persona buena” ¡NO TIENE ESOS IMPULSOS Y NO PRECISA CONTROLARLOS!.
Y precisamente por ello ¡se ha hecho individual!
Ya no responde a los esquemas emocionales comunes y genéricos.
Ha recorrido un camino de consciencia en que se han ido TERMINANDO emociones destructivas, en que su cerebro se ha ido transformando y diferenciando de todos los cerebros que siguen obedeciendo ese programa emocional.

EL CAMINO DE LA INDIVIDUALIDAD ES EL CAMINO DE LA TRASFORMACIÓN DEL SENTIR…

 
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Publicado por en 25 septiembre, 2010 en Sin categoría

 

El ave de los ojos profundos

Sus plumas son de un azul oscuro, intenso pero no negro.
Su tamaño varía. Unas veces se presenta como un ave enorme, como un cóndor de las montañas andinas.
Otras es casi un pajarillo casero, casi saltarín.
Pero es su mirada lo que destaca en ella.
Cuando se posa en nuestros ojos nos llega hondo, hasta el corazón.
Sentimos entonces como una parada de la vida.
Como si algo frágil se quebrara en nuestro interior
y su rotura no tuviera arreglo.
El ave azul no es agresiva, es serena, a veces la puedes ver hasta dulce.
Pero su mirada te hace llorar, lleguen o no las lágrimas a tus ojos.
No sabes cuándo va a llegar volando y posarse en tu ventana abierta.
No avisa su llegada. No es estacional como la cigüeña. Ni casi constante como los pajarillos en los cercanos árboles.
Aunque conozco personas que –si arañas por debajo de su inmediata apariencia- sabes que las visita prácticamente todo el tiempo.
Es un ave muy seria y muy digna. No juega nunca.
Parece que viene a ti con una misión que desempeñar un tiempo, y luego marcharse.
Por eso tiene mucho que ver su estancia con tu reacción.
Puedes intentar ignorarla.
Puedes intentar acallar el silencioso discurso de su mirada honda.
Saliendo de casa, yéndote de bares o de tiendas, reuniéndote con amigos, asistiendo a espectáculos…
Pero en algún momento te vuelves a encontrar con ella.
Puede volar a donde te encuentres, en mitad de una fiesta.
O encontrarla de noche, junto a tu cama, cuando quieres dormir y no lo logras.
Cuando la intentas huir, te parece hasta maligna.
No quieres que te mire, te destroza por dentro su mirada.
Sin embargo, es bella y serena.
Es importante.
Desdeñarla es necio.
Lo primero porque ella es tenaz y vuelve a presentarse de nuevo aunque hayas conseguido casi no hacerle ningún caso.
Lo segundo, porque te trae un mensaje de la vida que no puedes desdeñar.
Si por fin te decides a mirarle a los ojos, te empezarás a dar cuenta.
Empezarás a ver que esa mirada remueve lo que guardas en el corazón, agita tus expectativas e intereses y los empuja hasta la luz oscura de la duda.
Cuando se posa en tus afectos, se conmocionan.
Los prolonga hasta su límite.
Y en esa frontera los empiezas a ver vacíos.
“Vacío” es quizá la palabra que más produce la mirada del ave.
“¿Qué quieres conseguir?”, parece decirte. “¿Y para qué?”…
Tú piensas que para sentirte bien, que así te afirmas, que así obtienes una felicidad pretendida.
Pero, ante sus ojos, empìezas a notar que eso sólo es ceniza, que no llena tu vacío, que necesitas más y no lo tienes.
Y te refugias en que lo que pretendes lo busca todo el mundo, que así es como se entiende la vida, que así funciona la gente.
¿Y qué otra cosa vas a hacer?
Que puede que –por lo que sea- hayas pillado un poco de depresión y que, con unas pastillas que te den, tu ánimo se pondrá de nuevo en la tesitura adecuada…
Pero persiste la mirada del ave y ves claro que no lo vas a resolver con la química, que hay más ahí aunque aún no llegues a verlo.
A veces te da rabia. Y con ella quieres espantar al ave.
Y parece que lo logras porque, de momento, desaparece.
También sucede que te pones hostil con las personas, incluso con las que quieres.
Estás de mal humor y por cualquier cosa o cargas contra ellos o te sientes herid@.
Escoges el ataque a los demás o considerarte tú ofendid@.
No lo sueles hacer conscientemente: es “tu carácter” ( eso que tú has construido pero que consideras como un hecho de la naturaleza) quien te empuja a lo uno o a lo otro…
Pero el ave es persistente. Si es caso se quita de en medio en esos momentos tuyos. Pero vuelve…
Hasta que adviertas que la forma de que se vaya es que entiendas su mensaje.
Ella no ha venido a dañarte aunque te lo parezca.
Es un ave extraña, bella, digna, no agresiva.
¡Tienes que descifrar su mirada!
Esa sensación honda que te empuja por momentos a pensar que la vida que vives no es verdadera.
Que ni siquiera la tierra, tal como lo estás haciendo, es tu auténtica morada.
Y hasta puedes llegar a sentir que no eres de aquí, que solamente eres un turista de esta vida, que tu lugar no es éste, que tu hogar está muy lejos de aquí.
Incluso puede llegar a rondarte el pensamiento de la muerte. Sentirte ya tan desasido de todo y tan sin sentido que te veas abocado al deseo de morir…
Pero no es ése el mensaje de la mirada del ave. O solamente lo es en cierto modo:
Oculta en la muerte hay una palabra: “TERMINACIÓN”.
Y puede que si observas la mirada del ave al pronunciarla, obtengas luz para entenderla.
¿Con qué debes terminar?
Tal vez sean determinados deseos o temores.
Tal vez sea todo un modo de vivir.
Terminar con “el modo” no es terminar la vida, ahí puede estar tu engaño.
Puedes vivir, tienes que vivir: la vida es un don incalculable.
Pero seguramente tienes que vivir de otra manera.
Tu tabla de valores queda cuestionada.
El éxito y fracaso, el afecto como comercio psicológico, seguramente han de ocupar otro lugar en ella, más abajo, más condicionados al logro de valores muy distintos.
Valores que no estimas.
Valores que no tengan el mismo respaldo material y social.
Valores que terminen todo conflicto dentro de ti y solamente produzcan paz y serenidad internas.
Pero valores no impuestos, descubiertos solamente por ti. Que serán tuyos por eso, y por eso nadie te los podrá arrebatar.
No importa que los hayas escuchado en alguna parte: el descubrirlos en ti y para ti es tu propia tarea personal.
Te sonará decir que “eres tu propio maestr@”…
Y la mirada del ave la sentirás ahora más dulce, te llegará benéfica, su visita la admitirás como parte de tu vida, la agradecerás y comprenderás su sentido…
Porque podrás, además, distinguirla de otras aves que te llegan otras veces pero que son distintas.
Aves que se te presentan cuando tu orgullo ha sido herido, o tu sobrebia, o tu deseo de poseer cosas y costumbres, tu aferramiento a algo o a alguien.
Aves que realmente has creado tú mismo con tu manera de ser que consideras sagrada.
Pero que su mirada es un simple espejo en el que solamente te encuentras a ti mismo como te empeñas en ser, y no te dicen nada más.
Cuestionas a los demás en vez de cuestionarte a ti mism@.
Y no tiene nada de extraño porque, si te fijas bien,
el nombre de todas esas aves es “FALSA TRISTEZA”.
Y, en cambio, el nombre de esta serena ave es
TRISTEZA VERDADERA…

 
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Publicado por en 24 septiembre, 2010 en Sin categoría

 

¡Cuerpo de la mujer amada, valles
y montes! Son de seda los caminos
que recorro en tu piel, y son de gozo
mis pasos y mi andar de peregrino
por tus riberas todas y tus márgenes
tocadas por mi beso hasta el milímetro.

Lo encuentro todo dentro de tu cuerpo.
La almendra y la amapola y el estío.
El ribazo y las fuentes escondidas.
Del monte el último y rosado risco.
La gruta más secreta de la vida.
La muerte en los espasmos infinitos…

Recorrerte y andarte, caminarte
de rosas lleno el intento mío,
multiplicadas bocas y mis manos
de palomas, de miel, de dulce líquido…
Vuelan a ti las mensajeras todas
palomas del deseo, que yo habito
tu palomar y a ti retornan siempre
con su zureo y besos en su pico.
Gusano y águila y dios y humano,
y firmamento y tierra soy contigo.
Tu cuerpo se convierte en universo.
Tu explorador yo soy de tu infinito
para fundirme entero finalmente
en tu pecho y las aguas de tu río…

Entera la memoria y empapada
de ti y en el ahora es que escribo.
Después ya nada importa. Sólo huelo
en tu cuerpo la rosa del olvido…

 
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Publicado por en 23 septiembre, 2010 en Sin categoría

 

El día a día

Es la prueba de fuego para cuanto hemos hablado de la felicidad.
Los días de la semana y –con una variante especial- los fines de semana.
Las ocupaciones, las prisas, el estrés, el cansancio…
El contento y el descontento (no la alegría y la tristeza, que son otra cosa), a veces la humillación o el desprecio, otras el aburrimiento y la rutina…
En ocasiones hasta te preguntas qué sentido tiene vivir así. Pero la realidad –o, digamos, “la realidad establecida”- cae sobre ti como una losa y te deja sin respuestas…
Por eso te he comentado los pasados días que el gran paso para vivir de otra manera consiste en salirse del tiempo, esa secuencia constante que te embarca de una a otra actividad, incluidas las actividades del descanso y la mancha de aceite de volver a hablar del trabajo o de las noticias, o la política…
ROMPER ESA CADENA, en el día a día, es crucial para tu felicidad.
Sembrar de instantes de corte y de quietud las horas del vivir cotidiano.
¡Cortar el tiempo!. Lo haces siempre que tu consciencia, tu darte cuenta, percibe serenamente la acción que brota en ti, o por mejor decir LA RE-ACCIÓN . Te provoca a dar una respuesta nueva.
Porque a la luz del darse cuenta no vas a “reaccionar”, sino dar una respuesta creativa.
No vas a repetir esquemas que son el pasado.
Cuando estás viviendo ahora, el reto de la realidad
es también del ahora, aunque lo que veas sean conductas viejas.
¡Ahora has de responder a ellas creativamente!
Instantes de silencio y de contacto contigo mism@, con tus emociones, que son la fuente del vivir de un ser sensible que no es ni máquina ni ordenador.

El mundo de las conversaciones está también contaminado por la atmósfera social que vive la inmensa mayoría de la gente. Los tópicos de conversación se extienden por todas partes. Pocas personas hablan de lo que sienten y viven. La desconfianza y el miedo a mostrarse como se es
suele ser un freno poderoso.
Podrías introducir ahí elementos de realidad vital,
no para influir en los demás, sino para proteger tu propia vida interior, para crear en torno tuyo tu propia atmósfera a la que tienes derecho…

Habrás de actuar sabiamente.
Ni imponiendo ni subordinándote.
No te dejes atar por “la complacencia social”.
Cuando intervienes desde ti, desde tu verdad interior, sucede muchas veces que otras personas –que no se atrevían a hacerlo- se suman a tu propuesta.
Porque el ser humano, aunque esté aferrado a vivir en el tiempo, está también insatisfecho y harto de vivir en él.
Y advierte que tu forma de vivir fuera del tiempo, pero dentro del espaciotiempo, es el ahora, que puede coincidir o no con lo que otros viven.
Si estás con ellos –y quieres estar, que si no es mejor que te ausentes- tu ahora será el estar con quien vive el pasado.
Tú no tienes que denunciarlo por obligación, ya no tienes obligaciones.
Será tu propio ahora, tu ser interior visto en la claridad del darte cuenta, el que decida si les muestras o no algo de la luz que tú percibes.
Porque también podrás ver si, en ese instante, ellos te van a escuchar.
Recuerdo una gran amiga caminante que –cuando estaba con familiares- intentaba mostrarles luz. Y frecuentemente se estrellaba. Porque muchas veces en las familias persiste tenazmente el pasado y se niegan a ver cómo han podido cambiar las personas y a escuchar sus nuevos mensajes.

(Ahora, al escribirte esto, de mi corazón sale una oleada de afecto para ella y para otras personas más que siento en este camino.
Y permíteme, por favor, que te incluya en ella porque te escribo desde el afecto. No con ánimo de “indoctrinarte”, sino solamente de prestarte una pequeña ayuda para que seas feliz).

Cuando caminas desde tu darte cuenta en el momento, estás creando la libertad de tu mente y corazón. INSTANTE A INSTANTE.
No te propones cambiar el mundo, pero lo estás cambiando.
No te propones cambiar tú, pero te estás transformando.
El viejo fondo humano sobre el que estás, te une a todos los humanos.
Avanzando en conocerte, avanzas en el conocimiento de lo humano, de la humanidad.
Y conociendo y comprendiendo lo humano, no solamente te va situando eso por encima de lo humano –sin prepotencia-, sino que vas enviando tu mensaje a la Mente Humana Común, y Ella va aprendiendo contigo.
Y sin darte importancia es muy importante lo que estás viviendo en el ahora.
Presta atención, por ello mismo, a romper hábitos y rutinas, no porque sean “malos”, que “el mal” no existe, sino porque son “inconsciencia”.
Tu camino en el ahora consiste en INTEGRARLO TODO EN LA CONSCIENCIA.
No de golpe, que eso no es otra cosa que ambición.
Sino en tu paso a paso, momento a momento, instante a instante.
Y eso es humildad: la aceptación de la verdad que eres en este instante.
Porque estás empezando a andar y no sabes hasta dónde llegará tu camino.
Muy pocos deben ser los seres “iluminados” que han transmutado todo su ser y existir en pura consciencia. ¡Ojalá existieran muchos!…Cosa que no debe estar sucediendo porque la Humanidad habría cambiado ya por la explosión de consciencia de su “masa crítica”.
Que así cambiará la Humanidad: Cuando haya el suficiente número –como la masa crítica de plutonio que crea la reacción en cadena de la bomba nuclear- de seres humanos que hayan llegado a transformarse…
No llegará a tanto nuestra acción de consciencia, pero sin duda va produciendo. La Mente Común escucha. Y de cierto que se estarán produciendo cambios aunque no sea el Cambio Total…

Así y con todo, no tienes que ponerte una insignia por vivir así. Ese es sencillamente el modo correcto de vivir para cualquier ser humano.
Tampoco tienes que formar una organización. LA VERDAD NO PUEDE ORGANIZARSE.
Recuerda que ella es siempre UN ENCUENTRO PERSONAL.
Y ése encuentro se produce en cada persona EN SU MOMENTO. Ni tú ni yo lo podemos forzar.
Sin duda alguna, puedes formar las organizaciones que quieras para producir algún bien o alguna ayuda a otros seres humanos. ¡Cómo no!
¡PERO JAMÁS SE TE OCURRA ORGANIZAR LA VERDAD!
Ya ha vivido mucho la Humanidad semejantes intentos que –aun con la mejor intención, lo cual no sucede muchas veces- SIEMPRE ENCIERRA UN INTENTO DE DOMINIO SOBRE LA SAGRADA LIBERTAD DE LA MENTE Y EL CORAZÓN…

Y, saltando de lo fundamental a lo accesorio, permíteme una sugerencia sobre la lectura, que seguramente la harás.
LEE LO QUE QUIERAS, ESCUCHANDO SIEMPRE, PERO SIN QUEDARTE A NADA QUE NO VERIFIQUE TU LUZ INTERIOR.
Personas maravillosas he conocido que, hasta leyendo el “Hola”, han sabido extraer lecciones de vida del espíritu.
Y también he conocido personas que, con lecturas sublimes, no han transformado ni un pelo de su cabeza…
Todos y cada uno de nosotros SOMOS NUESTROS RESPECTIVOS MAESTROS Y MAESTRAS.
Nuestro en exclusiva es el derecho y la autoridad de aprender nuestro camino…

De éste o semejantes modos, cada uno el suyo, puede discurrir el día a día –mostrando pocos rasgos- CRECIENDO LA CONSCIENCIA EN EL AHORA…

 
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Publicado por en 22 septiembre, 2010 en Sin categoría