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Archivos Mensuales: diciembre 2010

Navidad blanca

Así la tenemos aquí nosotros, llena de nieve blanca.
Todo el campo está blanco, los árboles, las matas, las rocas y el derredor de la casa.
Y transmite la nieve en estas fechas luces, evocaciones, alegría…
Igual que las tarjetas que tantas personas se envían, llenas de colores, fantasía, música y deseos.
No penséis, amig@s, que esto sea simplemente una costumbre, una moda, un triunfo económico de comercios y grandes superficies.
Realmente, no de forma imaginada, es más.
Tantos corazones sintiendo cosas bellas, envían su mensaje a la Mente Común humana.
Belleza y hermosos sentimientos.
Hasta tregua de guerras se han producido gracias a la Navidad…
No es igual la de ahora que la de antaño.
Antes era como monolíticamente cristiana y hasta católica, como acontecía en este país.
Ahora entraron San Nicolás –que ya estaba en la vieja Europa- y Papá Noel.
Y bellas canciones navideñas, ya más que villancicos, del área anglófona, algunas alemanas como ese bello “¡Oh tannenbaum!”que tanto se escucha…
Navidad multicultural.
¡Pero todas ellas contienen la belleza de la infancia, primordialmente son los niños los protagonistas!
Y son blancos todos los niños como la nieve, sea el color de su piel cualquiera que sea.
Y nos llaman ellos a despertar nuestro propio niño o niña, que puede haberse dormido y hasta dañado.
¡Y reparar esa inusual belleza de la infancia, de la novedad de todo, de la curiosidad insaciable, de la ilusión sin límites!
¡Ay, adultos amig@s, dejad renacer a vuestros niños interiores!
No los dejéis abandonados pensando que fueron una simple etapa de la vida, en la que el conocimiento produjo la pérdida de la ilusión.
¡Hasta los cien años, o ciento cincuenta, y hasta la muerte llevad dentro bien despiertos y vivos vuestros niños!
Que no tiene persona adulta –hombre o mujer- encanto mayor que ver todavía en sus ojos mirada de niño, y en sus labios la sonrisa blanca, sin desdén, desconfianza o amargura…
¡Permitid, mis queridos amig@s, que os empape la belleza que se prodiga en estas fechas!
Creyentes o increyentes o sabios conocedores de La Realidad.
Que bajo todos los envoltorios culturales, y hasta por debajo de la sociedad de consumo, hay bellos sentimientos y deseos.
Y ello ennoblece al hombre, que tanto lo precisa.
Que debería volver a tomar la medida del niño y olvidar toda la desilusión, la falta de cariño, la amargura, la lucha por el vivir, la competencia con los demás, y tantas otras cosas que desgraciadamente configuran LO QUE ES UN ADULTO.
Que no es ello echar marcha atrás ¡sino hacia delante para construir verdadero mundo!
¡Qué bellamente, tantos siglos ha que se ha olvidado, lo dijo el Gran Maestro del Amor: “Sed como niños, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos”!
Y recordad, por favor, que ese Reino se hace aquí, en la tierra, desde cada corazón que siente afecto y amor. Que no es cosa de morirse para ello.
Porque es justo al revés: VIVIR EN PLENITUD A CADA INSTANTE EL HUMANO VIVIR.
Y eso es lo que hace desaparecer el mundo viejo.
Eso es lo que crea MUNDO NUEVO…

¡NAVIDAD BLANCA DE NIÑO, AMIG@S MÍ@S!
¡Y ROJOS CORAZONES AL UNÍSONO SIENTIENDO COSAS BELLAS!

 
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Publicado por en 25 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

Querer…por Navidad.

¡Qué bella cosa es querer!
El que lo tiene lo sabe…
Y si no hacéis contabilidades, ni os fabricáis barreras ni represiones, ni os ponéis a tomar medidas, ni convenciones ni normas…¡es muy grande el corazón y mucho y a much@s puede querer!…
Aquello que el adagio latino decía, “in vino veritas” sale a veces cuando la gente está un poco chispa.
“¡Que quiero a todo el mundo!” dicen más de uno y más de una…
Luego, con la resaca se les pasa.
Vuelve “el control”, el señor control.
El que tanta gente piensa que es necesario para embridar el caballo desbocado de emociones, sentimientos y deseos.
¡Y aún no se han enterado de que control es represión!
Si, que sí, que no es esa la manera.
Que cuando controlas estás reprimiendo.
Que no te digo que te lances, y en público, a hacer el amor con la vecina o el vecino.
Que eso –de entrada, que más diré- es tan sólo control social si es que no reprimes.
No es el interno control que es, de verdad, el represor.
El que pone dique al sentimiento y le envía –castigado- al sótano subconsciente.
El que aumenta la ignorancia de ti mism@.
El que a veces se te rompe…y que luego te arrepientes.
Simplemente porque no sabes mirarte a ti mism@ de frente.
Porque no sabes ver ni conocerte.
Porque te estás ocultando en vez de patentizarte.
¿Sabes que en griego verdad se dice “alezeia” y que eso significa “ser patente”?
Verdadero es lo que llevamos dentro y se nos hace patente.
Y cuando es patente, sabemos y podemos aprender.
Y al mirar eso que somos, si eso NO ES, se para con la mirada, que no con el control.
Igual que cuando caballo y jinete se conocen y se quieren, ni necesita bocado, ni brida, ni espuela o fusta. ¡El va donde tú quieres!
Y si ves que ése no es camino, por él no vas.
Y lo haces libremente, sin necesidad de represión, ni de control ni de norma.
¡Porque la represión también te quita la libertad, porque te ha inoculado el miedo!
Solamente el “miedo/alarma” has de tener en cuenta, que te avisa del peligro.
Y tomas acción inmediata, y peligro conjurado.
¡Pero si se te mete dentro el miedo, si no comunicas porque no te atreves, ni no haces esto o aquello porque te agarra por dentro ese malandrín del temor estable…que hagas o no hagas es lo mismo!
Estás siendo la misma cosa.
Más oculta la una, más visible la otra.
¡Pero da igual, eres eso, eres solamente el miedo!…
Y,¡qué desgracia!, mucha gente tiene miedo de querer.
¡Les enseñaron tan mal!
Y sintieron que la fuerza del querer es grande y desestabiliza.
Y que te hace vulnerable, claro, sensible y vulnerable.
Y que eso puede hacerte sufrir.
¡Y escapas a lo cobarde!
“Sufrir, no, eso no!”.
Pues allá tú, porque así no vives.
Mira, hoy está nevado aquí.
Si no quieres el frío de la nieve, te resguardas en la casa.
¡Pero el muñeco de nieve que podrías haber hecho, nunca podrás disfrutarlo!
Que ser sensible, amig@, tiene el anverso y el reverso.
¡Disfrutas y gozas! Y por ello mismo sufres.
Y si por miedo a sufrir, dejas de ser sensible y vulnerable, ¡te estás perdiendo el gozo de verdad,
el que te saca de ti mismo y te lleva a la intemperie, bajo la plenitud de los cielos, el que te hace auténticamente GRANDE!
Y te dedicas entonces a vivir una vida pequeñita y gris, con los placeres medidos en vez de la llama y el gozo..
¡Que tienes derecho a equivocarte, no lo olvides!
Para aprender, te tienes que equivocar.
Y puede que el error, cuando le veas, sea el aprendizaje más importante.
¡SÉ LIBRE SIN REPRESIÓN Y ARRIÉSGATE A QUERER!
Deja que la emoción te invada.
Que ella te conduzca al sentimiento.
Que él te lleve a la empatía, a sentir lo que la otra persona siente.
Que ella te acerque también a la simpatía, a sentir lo mismo con ella.
Que después camines hacia el afecto, el afecto del querer, eso que une el ser de las personas aunque la distancia y el tiempo las separe, eso que produce gozo cuando te encuentras y tristeza si hay ausencia.
Y ya, si eres afortunad@, si abres a tope tu corazón puede ser que venga, más allá del querer, EL AMOR.
Porque EL AMOR no se fabrica, te viene.
Igual que no haces la luz del sol. Él te da la luz, él te ilumina.
EL AMOR excede la capacidad del cerebro humano, no sabe qué es, no lo puede manejar.
Te llega desde todo el Universo.
Es la mayor fuerza cósmica.
Envuelve incluso al Universo y continúa más allá y antes de él, aunque “antes” no existía el tiempo que nació con él, y no puede hablarse de “antes”…
Rompe espacio y rompe tiempo.
Rompe materia luminosa y materia oscura.
Rompe luz y oscuridad.
Todo lo rompe porque a todo supera.
Y no puedes “aprenderlo”, renuncia, ni lo intentes.
Que si intentas aprenderlo es el cerebro y el ego quien te guía.
Y si te gustan los opuestos, el ego se opone al Amor, aunque el Amor NO TIENE OPUESTO.
Puedes sólo hacer como el labrador:
Roturas tus tierras, les quitas las malas hierbas (las que se pierden por su propio nombre), lo aireas y lo riegas, echas tus modestas semillas de bien sentir y de abrir tu corazón…
Y ESPERAS.
Que sin que tú sepas cómo, el Amor va a crecer por su cuenta.
Va a pasar a través de ti.
Te va a empujar a veces a donde tú no sabes.
Va a venir y marchar.
Jamás podrás controlarlo.
Pero –eso sí- tu vida no será ni parecida…
Y, recuerda amig@, por Navidad hay energía en el ambiente.
Aprovéchala…para querer por Navidad…

 
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Publicado por en 24 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

Comprensión…por Navidad.

Es hecho cierto –no comprobable por científicos- que las energías psíquicas y mentales llegan a la Mente Común de la humanidad. Tanto más cuantas más personas realizan los mismos actos.
Son fechas las navideñas en que se acumulan muchos actos benévolos, más que en otras ocasiones.
Y ello genera una energía de retorno que facilita que las personas estén más propicias a la benevolencia.
La comprensión es una de las actitudes humanas más ricas y profundas.
Comprender a otra persona y sus motivos es crear cercanía y afecto.
Salvar distancias y juicios.
Generar buena relación.
Crear paz…
La comprensión puede empezar por comunicarse de modo limpio y fecundo.
Permitidme que muestre algunos aspectos que –no por sencillos- dejan de ser importantes.
Partir de supuestos, activar juicios de valor, fijar emociones negativas, son obstáculos graves para la comprensión y cercanía personal.
Por ello es preciso darse cuenta de ellos y detenerlos en el instante.
Los supuestos sobre las personas operan en el trasfondo de la comunicación y son más peligrosos por ello.
Difícilmente se manifiestan.
Es preciso un alto grado de atención para advertir cómo están influyendo ocultamente en el flujo de la comunicación expresa, a la cual deforman.
Sin embargo, si ha de surgir la comprensión, han de ser detenidos.
Obviamente no hacer nunca suposición alguna sobre las personas, es elevado beneficio para comunicarse.
No significa ello ignorar las muchas señales que pueden recibirse de otros, que son informaciones que pueden ser útiles y necesarias.
Dos precauciones son necesarias:
Ser consciente de cualquier supuesto y no fijarlo.
Siempre el desarrollo de la consciencia es clave en la totalidad de los procesos internos de las personas.
Y evitar fijar en la mente cualquier clase de idea o juicio es garantizarse la flexibilidad mental y la evitación del error y su mantenimiento.
Los juicios de valor provocan más del 80% de los conflictos interpersonales.
Ya lo afirmó Carl Rogers y lo confirmo por mi propia experiencia.
Son los juicios de valor paredes de pensamiento y emoción, barreras internas poderosas que separan a los seres humanos.
No son propiamente racionales aunque se revistan de tal apariencia.
Implican “valoración” y ello es tarea de los sentimientos.
Implican jerarquía, como es propio de los valores: más altos y más bajos.
Cuanto más altos estén en la jerarquía individual de los valores, más fuerte es el muro y la barrera.
Y modulan la totalidad de la comunicación, como una niebla que se extiende por el ser de la persona.
En otro post que llamé “Pandémico juzgar” muestro con más detalle la acción del juicio.
Está hondamente arraigado en la mente humana.
Y es innecesario y dañino. Y se puede extirpar la costumbre de ello como cualquier costumbre.
Cuestionándolo ante todo, viendo a qué conduce, y dándose cuenta de que lo sustituye sin sus problemas y con ventaja EL ACTO DE VER, o darse cuenta.
Hace 20 siglos dijo el Maestro Jesús “no juzguéis y no sereis juzgados”.
Y la percepción nos muestra que aquellas palabras tenían importante sentido y fundamento…
Fijar emociones negativas hacia otros es también manera de secuestrar la libertad y la comprensión.
Con lo sencillo que es ver que fijar cualquier cosa internamente es perder la libertad.
Y convertirse en eso a lo que nos fijamos.
Y si es negativo, es hacernos negativos.
Muchas personas no se dan cuenta de que dejando todo eso no le están haciendo favores a los demás ¡sino a sí mismas!
Porque eres lo que piensas, lo que sientes, lo que decides, lo que haces.
Si quieres ser libre, no te ates.
Si quieres comprender, no te amarres.
Si quieres tener felicidad interior, no cultives desgracia, negativas emociones y juicios.
Eres tú mism@ quiente favoreces.
Tu cerebro será lo que hagas con él.
Y tu mente y tu corazón, exactamente lo mismo…
¡Sé en estas fechas un barco cuya vela recoja, de la energía ambiental, LA COMPRENSIÓN!
Ello te va a dar una profunda humanidad…

 
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Publicado por en 23 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

Usar el tiempo sabiamente

Quien se conoce a sí mism@, comienza ya a ser sabi@.
Y su tiempo con él o ella.
Porque, aunque mucho se les diga a los ejecutivos, el tiempo no se usa, puesto que forma parte de quien dice usarlo y un@ no se usa a sí mism@.
Que somos tiempo, al menos hasta descubrir cómo vivir fuera de él.
Es el tiempo, en nuestro sistema, cuarta dimensión del espacio.
En otros, por lo que especulan los científicos, puede ser enésima dimensión.
Formas y métodos externos para realizar más actividades según la medida del reloj, hay muchos.
Digamos para hacer más en menos tiempo.
No enfocaré mi tema de hoy –que me viene de vivencia y de persona- desde ese ángulo.
Intentaré, ignoro si lo conseguiré, hacerlo de modo un poco más sabio.
Y por ello, y ya de entrada, he incluido al “vividor del tiempo” en el tiempo mismo, puesto que somos seres que en él viven y que –en parte al menos- de él están compuestos.

Solemos vivir como si fuéramos entidades ajenas al entorno físico, mental y personal.
Decidimos – sin advertir que es decisión- que ocupamos tal medida y parte del espacio y que ahí “nos terminamos”.
No vemos con los ojos –sensores escasos en sí mismos- lo que la ciencia nos muestra de la constante interacción del que llamamos y visualizamos como cuerpo nuestro, con tantas energías, ondas y partículas, por resumir.
Nuestro cerebro igualmente es receptor y emisor de interacciones personales , pensamientos, emociones y cultura. Todo un inmenso entramado que la visión ingenua ignora.
De modo tal que estamos inmersos “en campos” y en “subculturas”, que a su vez están inmersas en otras, y lo mismo éstas en otras a su vez.
Sociólogos y antropólogos ya lo dicen, y lo daré por supuesto.
Yendo hacia dentro de nosotr@s mismos, lo primero de lo que hacerse consciente es “de las influencias aceptadas” que proceden de las diversas capas envolventes o “subculturas”.
Sitios hay en los que se piensa que el trabajo debe terminar tarde, cercano a la noche, Otros no.
Estas subculturas contienen una determinada versión de lo que es “vivir y actuar en el tiempo”.
Influye ello en la determinación de “qué se hace y qué no se hace”, de “qué importancia tiene” este hacer o el otro y hasta –legislación aparte- de cuánto es el tiempo que hay que dedicar a cada ocupación (al trabajo, a la relación, a la familia, al descanso, a la diversión, a las aficiones…).
Sobrepasado “este estrato” que es nuestro, en nuestro cerebro está y actúa aunque nosotr@s no lo hayamos establecido, habremos de llegar a nuestro carácter y personalidad que influye más aún en nuestro asunto.
Intenta cada uno “vivir a su manera”, o trabajar a su manera.
Y es justo en esas maneras de cada uno donde suelen fabricarse los problemas que luego se le achacan al desnudo tiempo o a otras personas.
Donde aparecen esas quejas de “no tengo tiempo para nada”, o “haría eso si tuviera tiempo”, o “si no nos retuviera tanto el jefe en la oficina”.
La primera visión sabia consiste en percibir que, cuanto hago, procede de mi propia decisión y a nadie he de situar como causa de lo que yo hago
excepto a mí.
“Sí, ya, ven a decirle eso a mi jefe”, dirá algun@.
Te diré, pues busca otro jefe…u otro trabajo.
“Con la crisis, me lo vas a contar”…
Muy bien, o sea que tú decides NO ARRIESGARTE. Y decides QUEDARTE. Si esto decides, la cadena de consecuencias de la decisión es tuya.
Y, en conclusión, decides tener ese trabajo y ese jefe y hacer las cosas como él dice.
NO TE QUEJES.
Y NO DIGAS NO PUEDO.
NO DIGAS “ES QUE NO TENGO TIEMPO…”. TÚ LO HAS ELEGIDO.
Advierte que actúas con el tiempo exactamente como contigo mism@.
Mírate y descubre LO QUE QUIERES, no me hagas una enorme lista de las ocupaciones que tienes.
“Es que termino el trabajo y tengo hijos”.
Cierto, tú elegiste tenerlos. Sé consecuente.
Como también –dentro de prudenciales márgenes- puedes decidir cuánto tiempo quieres dedicarles a ellos y cuánto no.
“¡Es que soy una madre o un padre responsable y tengo que dedicarles todo ese tiempo!”.
Pues sé consecuente. NO QUIERES disponer de más tiempo puesto que tu forma de ver tu vida y vivirla has decidido que sea esa.
Hay quien dedica poco tiempo a sus hijos y quien dedica mucho. Son dos decisiones.
Puede que intentes formas de “burlar al tiempo”, haciendo las cosas muy deprisa, organizando tus tareas de forma más repartida y reducida. Pinto por caso, en vez de hacer compra todos los días, hacerla una vez a la semana, y cosas así.
O dándote grandes panzadas de tareas que te ocupen muchas horas, pero te liberen los restantes días.
Diversos “trucos”.
Pero no te olvides de algunas cosas importantes:
Mira los daños que te produzcas a ti o a otros.
Porque si actúas con prisas y nervios, vas acumulando stress.
Si obligas a los demás a ir a un ritmo desmedido, se lo provocas a ellos. Y puede que también encono y rebeldía.
Si tienes la atención suficiente, verás que ésa no es acción sabia, que “no es por ahí”.
Y tendrás que mirar dentro de ti la esfera de tus deseos y temores.
Ver si los unos son realizables o no, y si te estás dejando arrastrar por los segundos.
Porque hay otra decisión sabia que tomar: elegir entre deseos y saber renunciar.
Que no somos muchas veces conscientes de percepciones tan elementales como que cada cosa requiere su tiempo, y si se altera esa medida se producen alteraciones en la persona que actúa o en lo actuado.
Si algo requiere un tiempo para ser suficientemente bien hecho, darle menos será convertirlo en una chapuza.
O forzar de tal modo el ritmo personal que sea origen de enfermedad.
Dar a cada cosa su tiempo es respeto y amor.
La tierra no acelera su trayecto en torno al sol para ver si puede ahorrarse horas en el día.
Mirate a ti mism@, tus deseos no comprendidos pueden alterar el orden natural y sano de las cosas en el tiempo,

 
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Publicado por en 21 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

Olvido

Queremos administrarlo. Como un instrumento a nuestro servicio.
Olvidar lo ingrato, lo molesto.
Hechos, personas, relaciones…
Y a sí mism@.
Es un falso olvido. La Neurociencia nos enseña que el cerebro graba toda la vida de modo indeleble. No existe el olvido a nivel neuronal.
Ni tampoco a nivel del subconsciente en el que el cerebro deposita su recuerdo.
Pero el consciente es pequeño como la pantalla del ordenador respecto a cuanto almacena el disco duro.
Se activa a pantallazos.
La Neurociencia aún no sabe por qué.
Pero puedes saber algo, quizá mucho, si te haces más y más consciente.
Porque te vendrán muchos pantallazos en el instante, cuando lo que estás viviendo tenga que ver con tu pasado.
Y lo recuperas del olvido para poderte conocer, para darte cuenta de tus motivos que están muchos perdidos en el pasado que fue condicionado.
Y tus neuronas te van mostrando lo que está grabado en ellas.
Te pueden ir mostrando, a pantallazos, todo lo que te ha ido atando y haciendo de ti ese personaje, ese temperamento y carácter.
Que tú les has ido haciendo, creando un mapa cerebral.
Y todo ello lo tienes en el olvido…
Muchas maneras tenemos de provocar el olvido.
La primera, concentrándonos en lo inmediato.
Te levantas y ya piensas que tienes que ir a trabajar.
Te duchas pensando tardar poco.
Tomas algo, un café o nada, y te vas corriendo.
Luego coche, metro, autobús…
Todo corriendo.
Llegaste al trabajo…Y ya te comió el ambiente.
Ya estabas comid@ antes, pero ahora devorad@…
¿Cómo no vas a olvidar?
Te acuerdas solamente de los quehaceres, los compromisos, los problemas…
Una segunda manera, reprimir: reprimir las emociones que te vienen. Y más aún si son tristes o conflictivas.
La represión no es sólo sexual, también emocional.
En el fondo no es otra cosa que intentar olvidar…
Y no creais que es tan difícil reprimir: La mente es muy sensible.
Muchas veces basta un toque, como al caracol los cuernecillos: un leve “eso está mal” o “qué vergüenza” o “¡imposible!” y otras cosas ¡y ya está! Se marchó la emoción al subconsciente como los cuernecillos…
Y como estás concentrado en tus actividades…¡se te olvidó!…
Otra forma del olvido –o de provocarlo- consiste en dejarse llevar del pensamiento ambiental.
Pocas personas son críticas con “lo que se piensa”.
“El pensamiento establecido”, lo que se considera “políticamente correcto”, expresión ésta que me parece haberse acuñado en los años de la democracia…Y paradójico parece, puesto que en ella se dice que la gente “es libre de pensar lo que ella quiera”…pero sin salirse de eso…
Si te dejas llevar de “lo que se piensa”, no piensas tú, simplemente repites…En mis tiempos se decía que “como un lorito”.
Un ejemplo analicé en este blog refiriéndome a esa frase de “tener la cabeza bien amueblada”. Si os animáis a leerlo…
“Diferir” es otra manera de provocar el olvido.
“Esto tengo que meditarlo…pero en otro momento”…
Puedes retrasar un asunto tomándote en serio que es sólo retraso, pero estando realmente interesad@ en encontrar el momento.
Pero si haberlo diferido implica “desinterés”, casi puedes darlo por perdido…
Porque obediente, tu subconsciente lo deja para una ocasión indefinida…
El “desinterés” es, por sí mismo, una causa de olvido, implicado o no en otro acto mental.
Por eso precisamente, para cultivar la consciencia o “darse cuenta”, hay que estar “interesad@s en ello”. De lo contrario se irá también al olvido.
“Espantar” es otra forma: te viene idea o emoción molestas.
Y, como te desagrada, no quieres prestarle atención y se va al olvido.

Categoría más amplia y general en la que están inscritas muchas de las formas expresadas, corresponde a “deseos y temores”.
Un deseo mayor desplaza de la mente a otro menor.
“Las ambiciones” polarizan fuertemente la atención, y relegan a otro plano lo que “no se ambiciona”.
Y no sólo olvido, sino inacción porque nunca se encuentra tiempo para dedicárselo a esos asuntos “no ambicionados”.
Se preguntan no pocas de esas personas por qué no consiguen dedicar tiempo a tales cosas. Y es bien simple la respuesta: tus ambiciones las relegan al olvido.
Operaciones similares hace la mente con el temor, aunque tiene él una variante:
El temor puede fijar, de manera exagerada, asuntos, situaciones y personas a la atención de la mente. Hasta de forma obsesiva.
Tales fijaciones detraen la atención de otros asuntos. “Se olvidan”.
La reacción contraria también puede suceder.
Que el temor provoque el no querer atender al asunto. Salirse de él “como gato sobre brasas”…

Conocerse, amig@s, hace retroceder al olvido.
Estar atentos a las distintas maneras en que la mente propia lo propicia, es crecer, desarrollarse, progresar…

 
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Publicado por en 20 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

AMOR.

Hasta llegar al amor
me recorrí el universo.
Y no seguí caminando
que ya no había más lejos.
A lo profundo del mar
bajé para comprenderlo.
Y para sentir sus llamas
me adentré en el desierto.
Mas no le hallé en parte alguna,
nadie supo su secreto.
Y empecé a sospechar
que debí buscarlo dentro.
Me rebusqué en las palabras,
revolví mis pensamientos.
Filosofías, creencias,
cálculo y experimento…
Pero tampoco encontraba
el amor en nada de ellos.
Que a ideas se le escapa
el amor entre los dedos…
Al corazón recurrí
para ver sus sentimientos
y emociones, lo que cantan
los poetas en sus versos.
Y encontré que enamorados
se acababan con el tiempo,
dudé que amor los llevara
arrastrados por su viento.
Tampoco en el corazón
se encontraba amor auténtico,
si amor fuera de verdad
sería el amor eterno…
¿Dónde más buscar podría
si más no quedara dentro?…
Y encontré que no era mío
el amor, que como el viento
te empuja, trae y te lleva
más allá del universo,
que no es ni tuyo ni mío,
y de ninguno y entero
nos traspasa y nos arrasa
y sin poder comprenderlo.
En todas las cosas nace
y en ninguna queda muerto.
Está más allá del fin
y antes que el universo.
El te viene y te conduce
y nunca te quedas cierto
de dónde te va a llevar
que está envuelto en el misterio.
Habita en la oscuridad,
también de la luz en medio.
Está entre todas las cosas
y en ninguna al mismo tiempo.
Él da origen a motivos,
pone en marcha los deseos,
pero motivo no tiene
como la flor y lo bello.
Ni razón ni causa alguna,
ni origen ni entendimiento…
Y tan sólo abandonarte
te queda como en el beso…

 
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Publicado por en 17 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

Amor y tormento

La imagen del amor idílico, es una imagen.
El amor, si es real, lleva consigo el tormento.
Cuando estás enamorado, puedes subir al cielo y bajar al infierno en cuestión de segundos.
Si ella está contigo, te dice que te ama y te besa…no necesitas al Columbia para salir de la atmósfera.
Pero si duda de tu amor o tú del suyo, o te mira fríamente en un momento…tampoco necesitas esas taladradoras gigantes para que un enorme pozo se abra a tus pies…
¡Duras vivencias las de l@s enamorad@s!
Hace falta un corazón tan templado como el acero para pasar del rojo vivo al hielo puro, de la risa a las lágrimas, de la ilusión suprema a prácticamente la depresión…
Pero sin esos avatares, no hay amor intenso…
Si un amor así se pierde, la herida es muy profunda.
Puede costarle años al corazón curar su herida.
Si se cura…
Que puede quedar enquistada la herida y tomar el subconsciente mismo la decisión de jamás volver a amar así.
Y entristecerse esa vida, apagarse en parte, renunciar no ya a aquél amor, sino al amor mismo y, con él, a grandes dimensiones del propio ser.
Solamente una honda y sincera decisión de vivir de verdad puede sacar a esas personas de su miseria…
El otro extremo es más glorioso.
Mientras brilla el amor, brilla el sol.
Y el mar y la luna y las estrellas…
Mientras no se salga de su ámbito, se puede gozar y sufrir. Pero no importa.
Se puede sufrir si la amada está lejos, si no se puede hablar con ella, o escribir, o…
Pero en cuanto desaparece la circunstancia adversa, todo se transforma en gozo…
Hay ciertas reglas de comprensión que se pueden aplicar. Si ambos sienten que el amor se conserva, pueden saltar por encima de muchas cosas.
Y es frecuente que salten por encima de sí mismos, que cada uno de ellos se eche la culpa de lo sucedido, que todo lo que separe se pueda olvidar…
El ego se pone entre paréntesis. En eso siempre triunfa el amor.
Pero no siempre en tales ocasiones hay amor, puede sólo haber enamoramiento, ese que el marqués de Vilallonga llamó estado de locura transitoria, magnífico cóctel de hormonas cerebrales que da ocasión al verdadero amor.
Cuando el cóctel está actuando, en pleno enamoramiento, suelen sobrepasarse los límites que el ego tiene, sus barreras y sus fronteras habituales. Los auténticos obstáculos al verdadero amor.
En la medida en que vayan surgiendo tales obstáculos, si los enamorados se toman en serio la posibilidad del verdadero amor, tendrán que sobrepasarlos.
Lo cual es el auténtico tormento del amor.
ROMPER LOS LÍMITES DEL EGO.
Ser los amantes capaces de sobrepasar SU manera de pensar, SU manera de sentir, SU manera de decidir…
Si se aferran cada uno, o uno de ellos, a ese modo suyo de ser, si no superan el tormento de abandonarse…el amor verdadero nunca llegará.
Es tormento ese abandono del ego.
Es desposesión de uno mismo.
Es olvido.
Es desaparición del pasado.
Es entrar en lo desconocido, perdiendo la vieja seguridad.
Avanzar entre la niebla sin saber si hay un abismo que se abra de pronto ante los piés…
El tormento de perderse a sí mismo para ganar el amor…
Los enamorados pueden aprovechar o perder la ocasión.
La inmensa mayoría de ellos la pierde.
Porque no están dispuestos a afrontar el verdadero tormento.
Y en vez de ello piensan que se ha acabado el amor, cuando aún no había empezado…
Hay en el fondo una decisión profunda que tomar:
No abandonarse al placer como síntoma supuesto del amor.
Suelen los enamorados partir sin darse cuenta de que el placer es señal segura del amor.
Y no es así.
La verdadera señal es el tormento.
Su profunda superación.
La sabiduría del amor se sitúa por encima del placer y del dolor.
Y sólo pueden llegar los enamorados al verdadero amor si son capaces de asumir esa sabiduría…

 
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Publicado por en 16 diciembre, 2010 en Sin categoría