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Archivos Mensuales: julio 2010

SEXUALIDAD

¡Cuánto ya escrito y dicho!
Hasta más dicho que escrito, que la gente lo habla tanto… Y eso que es el primer tema escrito…

Menos o casi nada lo habla quien le da vergüenza.
“Es tema muy íntimo y personal”, te dicen.
Todos los demás lo aluden, lo comentan.
Muchas veces los hombres con los hombres, las mujeres entre ellas.
Puede que con más detalle y realidad ellas que ellos.
Y puede que, de modo suficiente, ninguno…
¡Aventurada frase!.
“¿Es que pretendes aportar tú la solución?”
¡De ningún modo, amigas y amigos míos! Y menos en tan breve espacio que sólo permite escasas sugerencias.
Como en todo, cada quien ha de buscar la suya.
Y puede que nunca termine de encontrarla.
Sobre todo si lo ve “como problema”.
Visto así, se convierte en una de esas paradojas matemáticas que todos se pelean por resolver y nadie lo consigue.
La “paradoja de Newcomb”, por ejemplo.

Pero no es paradoja el sexo.
Un sabio dijo que es “una flor muy delicada”.
No será propio, entonces, verla como problema o paradoja. Sino mirarla, tocarla, olerla como una flor.
Y así la flor se entrega…

Para hacerlo, es necesario superar la vergüenza. La represión y los complejos.
Y también la desvergüenza.
Ni primitivos ni asustados.
Ni elementales simples, ni exquisitos tímidos.
Hay que saber, antes que nada, cómo acercarse hasta las flores…

Son “ellas” más delicadas que nosotros hablando en general, con excepciones por ambas partes, y a saber su número.
Y también a las flores puede gustarles –según y cómo-
verse arrolladas y rendidas.
Sin entrar en el campo del sadismo y masoquismo, que no lo viven la mayoría. Aunque es probable –si te exploras- que encuentres de ello y en ti algunas huellas…
El “rendirlas” también hay que saberlo hacer, no es simple ni elemental.
Como nada en el sexo, y todo a la par.

Por eso hay que empezar tratando el sexo fuera de él.
Como tú seas, él va a ser.
No como eres en tu consciente asumido, sino como eres de verdad, como es lo que guardas y tal vez no te hayas enterado.
Ya tienes ahí una cosa que es del sexo y que es de fuera:
tus impulsos escondidos, conocerlos, conocerte.
Porque son parte de ti.
Porque la sexualidad no está en los genitales, sino en el cerebro.
Y en tu modo de ser.
No es todo lo que tú realmente eres. Es una gran dimensión, y tú eres “ser multidimensional”.
Y el sexo tiene que ver con cuanto eres. Dimensión que se muestra en las demás dimensiones.

El sexo da placer. Variado puede ser en intensidad y hondura.
Hay experiencias sexuales que son “místicas”, como alguna te he descrito.
Las hay que casi no se pueden distinguir del animal.
De nuevo la fama nos las adjudica más a los hombres,
sin negar que haya ninfómanas y “lobas”.
Pero de esa fama habrá que ser responsables.
Y cultivar un poco nuestro ser, nuestro estilo y sus maneras.
Que hagamos cierto aquel aserto: “No existen mujeres
frías, sino hombres inexpertos”.
Pero que tampoco hombres egoístas en el sexo, que les baste con “llegar ellos, y lo demás no importa”.
Porque es el sexo RELACIÓN, y de las más íntimas y exquisitas si no la más.
Se encuentran en él hembra y macho, mujer y hombre,
persona femenina y masculina, TODO AL MISMO TIEMPO.
El hombre es el hombre y la mujer. La mujer es la mujer y el hombre: éste era el gran mito de Platón en el Simposio. Y todos los mitos encierran realidades profundas.
Si se trocea la realidad total, pierde su sentido la sexualidad.
Si es “sólo un polvo”, no puedes entonces encontrar gran cosa.
Es una simple diversión, otra más entre muchas.
Y no te digo nada de ello, es asunto de tu propia libertad.
Pero es sólo y simplemente lo que es.
Si quieres más, te tendrás que embarcar entero.
En todos tus niveles.
Y eso es otra cosa.
Impulso, instinto, intimidad, cercanía, delicadeza, imaginación, ternura, afecto…hasta el amor.
No es “sexualidad”. Es todo lo recién dicho, expresado a través del cuerpo.
Expresas con la boca las palabras. La profunda relación, masculino-femenino, con todo el cuerpo.
Se convierten en palabras tus manos, tus ojos, tu boca,
tu pecho, tus muslos y tu sexo.
Entras en otro espacio y otro tiempo. Dos planetas se están fundiendo juntos.
Dos seres, masculino y femenino –sean hombres o mujeres- avanzan al encuentro del otro y de su esencia.
Es una sinfonía.
Se tocan muchos instrumentos, no uno solamente.
Esta lleno de matices y detalles, cosas antiguas y también nuevas, que es importante lo nuevo para evitar rutinas.
“Penetrar, ser penetrada” tiene significado rico y complejo, no simple e inmediato. Como tampoco hacerlo sin “el cortejo”.
“Entro en tu ser, en mi ser te entraño”.
Una unión prodigiosa que va mucho más allá del cuerpo.
Que llega al corazón, al alma, al espíritu, al ser.
Que no sois dos al terminar, que sois un ser.
Que habéis trasmutado las esencias, más que el alquimista.
“Que mi amada está en mí y yo en mi amado”.
“Que no soy para mí, soy para mi amada”.
“Que no soy para mí, que soy para mi amado”.

Sexualidad es eso, amigos, si es completo, si llegamos al tope.
Y, visto así, puede ser la acción más gloriosa de este mundo, la fusión de dos seres, un hecho cósmico.
Mucho más allá del placer y del gozo y la experiencia.
Juntando tierra y cielo, cielo y tierra.
Principio y fin. Explosión de amor que todo lo contiene.
Explosión de la estrella con más poder que una galaxia.
Por encima de la vida y de la muerte.
Sin antes ni después.
Naufragado tú entero en el cuerpo y en el ser precioso de la amada.
Tomada ella entera en tus brazos, en tu sexo, tu corazón y alma.
Nada más bello hay.
La más preciosa flor…

Tres líneas hay de desarrollo de la sexualidad: horizontal, ascendente y descendente.
Cultiva la primera la misma experiencia, enriquecida con nuevas formas.
Ascendente es la que he descrito: escalas y ahondas en el ser de la otra persona, de su cuerpo hasta su espíritu.
Y descendente es aquella que comienza en el amor y termina en el cuerpo, mostrando tangiblemente el mundo más alto e invisible…

Si las exploras todas, se multiplicará la riqueza de tu ser.
Si te quedas detenido en la primera, apenas has comenzado tu viaje.
Las otras dos, te plenifican…
Mirad, amigos y amigas, qué caminos queréis escoger…

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Publicado por en 30 julio, 2010 en Sin categoría

 

SENSACIONES

Me temo que es frecuente no registrar muchas sensaciones en la vida cotidiana.
Tener –o darse cuenta- de pocas sensaciones es tener poca sensibilidad.
Los neurocientíficos dicen que hasta el 90% de las emociones son subconscientes. Si a eso añades que reduces el 10% a menos todavía…
Pocas sensaciones, poca sensibilidad…
La vista la solemos tener privilegiada.
El oído un tanto embotado –en las ciudades- por el ruido ambiental.
El tacto, restringido. No solemos tocar a las personas, ni siquiera a las cosas, tanto como sería oportuno y adecuado.
Hay muchos tabús.
Ideas establecidas sobre “el espacio personal” y la intimidad.
Represiones.
Falta de libertad emocional…

No te olvides de “la cenestesia”, esa sensación global de cómo está tu cuerpo. Que la admite la psicología occidental, aunque la ´tántrica – oriental, claro- habla nada menos que de 28 sentidos…

Pero, además, sucede que, como los nibelungos, tenemos “la caperuza de niebla” que nos hace invisibles a lo real.
Quiero decir, que llevamos en la cabeza tanto pensamiento, idea, obligación, “tengo que,,,”, que esa caperuza envuelve nuestros sentidos y les quita poder de percepción y sensación.
De captar lo real que sucede en el ahora.
Desdeñamos el valor de los sentidos. Con él, el de la sensibilidad.
Sano nos sería recordar lo que hacen los niños: Miran, tocan, mueven, agitan. escuchan, se llevan las cosas a la boca, a ver a qué sabe esto…
¡Y el respirar, que es mucho más que oler!
Recordad el yoga, las disciplinas orientales…
Respirar no sólo llena de aire tus pulmones, absorbes energía del Universo..

Pero nosotros, frente a los niños, como supuestamente YA SABEMOS, substituimos LA SENSACIÓN POR EL CONOCIMIENTO.
Pero el conocimiento es pensamiento, es abstracto, intemporal en cierto modo e inconcreto.
La sensación no.
La sensación es de presente, del ahora. Como el pan recién hecho.
Es singular, es real, está sucediendo.
Es el instante que nunca vuelve…

Otra argucia más “de la cabeza” es EL RECONOCIMIENTO.
Tengo una sensación. Es real, es nueva, tiene energía.
Pero, de pronto, “mi cabeza” tiene un conocimiento que se pone en marcha ¡y RECONOCES de qué se trata!.
Y YA DEJAS DE SENTIR.
El acto del pensar que es “volver a conocer lo conocido”
encubre la sensación y cuanto tenía de nuevo, de vivo, de excitante.
Y se pasa.
Y se sigue cultivando la idea y no la sensación…

¿Cómo vas a poder conocerte de verdad si has de hacerlo
con un “ver” interior, con un tocar y oler y escuchar y gustar lo interno?. ¡Si no lo haces con lo externo!
Dentro tienes cosas que huelen como las flores. Y otras también que huelen como…
Hay cosas de exquisito tacto, perfecto, sin fisuras. Como la verdad.
Hay cosas que saben a gloria, como el afecto, el cariño, el amor…
Atrofiados los sentidos externos, los internos también.
Atrofiada la sensibilidad externa, también la interna.

Sentir, sensar… Necesario cultivo.
¡Si son nuestros sentidos los sensores que tiene el astronauta que va escondido y protegido en la cabeza
-como decía un neurocientífico español-, encerrado en la cabina del cráneo, la parte más protegida del cuerpo!

Me parece que también es enfermedad de occidentales.
Parece que “el chupar” se acaba con el destete. El tocar
se reduce a campo restringido. El oler –si no es muy bueno-, se disimula. El oír, deja de ser “escuchar” porque queremos más que nada que nos oigan, puede que hasta que nos escuchen…
¡Esa extraordinaria acción pasiva del escuchar!
Ese total silencio interno, sin comparaciones, sin cotejos con lo que sabes o crees saber, sin prestar acuerdo ni desacuerdo, sin “sí ni no”, sin juicios…puro recibir pasivo de la realidad como es, sin ninguna interferencia…
Esta maravilla inusual ¿cómo se va a dar si no sabemos
recibir las sensaciones y quedarnos en ellas, sintiéndolas, sin interpretarlas, sin dejar que pensamiento, idea, conocimiento, reconocimiento intervengan?

El olfato de los perros y su oído, la vista de las águilas…
¡Qué sentidos tienen los que no piensan!…

Y, la verdad, podríamos tenerlos mucho mejores que los actuales.
Cultivándolos un poco, puramente a ellos.
Sin excusas, porque tenemos todo el tiempo, todo el tiempo vemos –aun dormidos-, olemos, oímos, tocamos…
Pero hacemos como con los turistas: les enseñamos a ellos los monumentos, los paisajes de los cuales ya pasamos. O los disfrutamos un poco al enseñárselos.

No estaría nada mal, amigas y amigos, que nos convirtiéramos en turistas de nuestra vida, del lugar donde vivimos y sus ambientes, de sus personas, de sus miles de detalles que podemos sentir.
Eso nos traería más al presente y al ahora…Muy cerca de la felicidad…

 
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Publicado por en 29 julio, 2010 en Sin categoría

 

¿¿Existe Dios o Dios no existe?

Lo hablaba anoche con unos amigos.
Les decía que había dejado a un lado las “creencias”
para buscar y verificar por mí mismo lo real.
Lo que no me parece infantil.
Creencia es para mí tanto el creer que existe Dios como el creer que no.
Ateos y teístas.
Opuestos y, a la par, iguales planteamientos.
Planteamientos del pensamiento humano:
El movimiento neocortical de los impulsos neuronales.
El que es muy adecuado para la técnica, para descubrir
esquemas repetitivos y, por ello, previsibles.
Y que es capaz también de plantear preguntas que no tienen respuesta a su nivel.
Ya le llega a pasar a la ciencia. A la investigación pura.
Se plantea preguntas sin respuesta.
Y la pregunta es importante aunque no se pueda responder.
Porque amplía la mente.
La mente que no pregunta no tiene deseo de saber…

Pero has de saber preguntar.
Según sea la pregunta, así será la respuesta.
De la pregunta inadecuada brota la respuesta inadecuada.
El pensamiento proyecta “la idea-dios”.
Y luego se pregunta por ella.
¿Existe algo más que lo que veo o lo que puedo experimentar?
¿Existe “algo” más allá?.
¿Me interesa saberlo, o no me importa?
¿Me sirve para vivir, o no me hace ninguna falta?
¿Qué me da o qué me quita?…

Y te pregunto yo:¿A dónde vas a llegar con tus preguntas?
A las primeras te diré: ¡Por supuesto que existe lo que tú no conoces! ¿Piensas que lo que conoces es TODO LO QUE SE PUEDE CONOCER?
El HORIZONTE INACABABLE DE LO DESCONOCIDO ES LA FUENTE PERPETUA DEL SABER…

Otra cosa es si lo que tú “proyectas” y tal y como lo proyectas, eso existe.
No tiene, en principio, por qué ser así.
Mira la historia de la ciencia y lo comprobarás.
Y la historia del pensamiento…

Pensar, sin embargo, no puede ser “partir de una premisa”.
Eso es “deducir”, que no pensar.
No tienes que partir de nada, y menos de “una idea”.
Eso sí puede serte útil para hacer un descubrimiento técnico, y puede que científico.
Sobre todo si es que “intuyes”, más que piensas.
¿Pero te va a servir para entrar en Lo Desconocido?
Si partes de “la idea-dios”, te quedarás en afirmar, negar
o decir que no sabes.
Solamente la última me parece correcta intelectualmente.
Y honesta.
¡Porque no tienes pruebas para comprobar la idea!
Y es muy válido, ante lo que no sabes, decir “no sé”.
Y sostener la ignorancia y el deseo de saber.

“Dios no existe,¿existe Dios?”.

Si existiera, no podría ser proyección del pensamiento.
Porque sólo es un instrumento para vivir en la tierra,
en el espaciotiempo de cuatro dimensiones…Y puede haber –dicen los científicos- espacios de “n” dimensiones…¿Cómo se piensa y se pregunta en un espacio de quince dimensiones?…

Para el pensamiento, su proyección, es una aporía, una carretera sin salida…
No te puedes plantear si existe o no.
Para encontrarlo, lo tienes que definir primero antes de encontrarlo. Porque ¿cómo sabrás si lo has encontrado si no sabes “qué” encontraste?
Cuando los científicos buscan un elemento desconocido de la tabla periódica, ya saben eso, saben qué buscan.
Y tienen que romper sus límites muchas veces: Hoy mismo leo en El Mundo que han descubierto los astrofísicos estrellas que en su nacimiento tienen 320 veces la masa del sol, cuando estaba determinado por ellos mismos que no podían sobrepasar las 150 masas…

Pero –discúlpame- tú no tienes ni idea de qué buscas
si buscas a Dios.
Si la tienes, mucho peor. Le defines sin conocerle.
Erróneo como poco. Tremendamente irrespetuoso como más.
¿Es que puede ser esa Desconocida Realidad “objeto” del pensamiento?
¿Puede ser una “idea”, una pieza del entramado de las razones, los conocimientos, los pensamientos?.
¡Qué pequeño dios sería ése!
No ofendas, por favor.
Perdóname si te digo que un dios que salga de tu pensamiento –o igual del mío- no me merece mucho la pena.
Porque si ya tengo muy relativizado el valor del pensamiento para el ser humano, ¡no te digo de cara a un dios!…
Sabes que existe la intuición, las emociones, el corazón y el amor, la luz de la consciencia…Y todo vale más que el pensamiento.
Por fin la “psicología científica”( puede que en parte gracias a Golemann, el inventor del término “inteligencia emocional”) ha cuestionado la importancia del coeficiente intelectual. Y descubierto que –para el éxito- son más importantes todas las otras facultades.
¿Y nos vamos a centrar en el pensamiento para Tal Cuestión?…

Dejé de planeármela ahí.
Dejé la creencia por la investigación y la verificación.
Dejé la filosofía y la ciencia por exceder la posible respuesta al planteamiento.
Y entré en el otro camino: el de la intuición, las emociones, el corazón, la consciencia, el amor y la belleza…
Y por ése camino, amigos y amigas, he llegado a alguna parte.
No la puedo definir ni nombrar: ES INEFABLE.
Surge, de especial manera, a mi alcance –mejor diria,
yo al Suyo- cuando mi mente está quieta y en silencio.
Lo llamo entonces Silencio.
Ningún pensamiento aparece ni palabra.
No puedo decir “qué es”.
No sé si es lo que llamáis dios o no lo es.
En cierto modo, “no sé nada”.
En otro, tengo una vivencia de INMENSA REALIDAD.
No de fantasía, ni sueño, ni ensueño, ni proyección mental.
DE REALIDAD.
Se puede distinguir lo real ¿no es cierto?
No voy allí por necesidad de que me apoyen y me ayuden, de pedir ninguna cosa, ni de escapar del sufrimiento ni de la incertidumbre…
No pretendo acercarme a algo útil para mí.
La REALIDAD que entonces percibo sencillamente ES.
Y al tiempo la siento VERDADERA, no alguna clase de autoengaño, que para eso sirve el conocerte, para poder diferenciar necesidad, deseo, fantasía, hipnosis, embelesamiento, droga mental, ensueño, empeño, creencia…o realidad.
Me da gozo. Me da felicidad. Me da una visión diferente de las cosas y la vida…Y ES REAL.

No me preguntes “¿qué es?.
No lo puedo definir.
¿Tendrá que ver con lo que los humanos llamamos “dios”?
¿Me da Ello manera de responder a la pregunta del principio?
NO LO SÉ.
Sé solamente y sin poder explicarlo que ESTÁ AHÍ
Y LLEGA A TI.
Que se apagan deseos y temores.
Que deja de existir el sufrimiento y la inseguridad.
Que sientes que TODO ES AMOR.
Que desaparece el tiempo.
Que te encuentras EN EL TODO, en una plena UNIDAD…
No sé qué mas decir.
Solamente os lo deseo con toda el alma.
Me parece que desaparecerán las preguntas si lo llegáis a vivenciar, que seguro que no pocos lo habréis hecho.
Y me parece que a todos puede llegar si entráis en la quietud y en el Silencio, con la mente y el corazón muy
atentos y callados, y sin ninguna intención…
Probad a hallarlo, por favor…

 
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Publicado por en 28 julio, 2010 en Sin categoría

 

OLAS—

Me hablas de olas en tu vida y en ti.
Sin conocer las tuyas, conozco olas y olas.
La vida es mar. Y siempre se están moviendo las olas.
“Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar”…
Quisiéramos no pocas veces que la senda estuviera en tierra para poder volver.
Desandar lo andado para andarlo de otra forma.
Como el río de Atahualpa al caminante: “Tú que puedes, vuélvete”.
Volver y evitar dar el paso que dimos. Orientarlo en otra dirección…
Pero las olas siempre caminan hacia delante, siempre vienen a acariciar la playa y, aunque a veces retrocedan,
solamente es la resaca que es aún más poderosa insistencia en volver a deshacerse en la arena…

El pasado fue y ya no existe.
Verlo es lo real y no deja lugar a la añoranza.
Sólo de él queda la memoria.
Y nosotros en ella, porque somos el producto del pasado.
Somos pasado viviendo ahora, increíble paradoja. Nuestra estructura entera es el pasado.
En él forjamos nuestro modo de pensar, de sentir y decidir. Y también de amar.
Y –en contra de corriente de realidad- convertimos en virtud ser nuestro pasado, ser coherentes con él y responsables.
“Soy el de siempre”, dice satisfecho él o ella.
Es decir, que eres tu pasado y de ello te glorías.
¿Y no te sorprende que estés ahora, en el justo lugar de la existencia?
¿No te extraña arrastrar lo que fuiste cuando ya ha dejado de existir?
¿No te sientes encadenado a tu memoria, supuesto islote quieto entre las olas, cuando tú eres el mar que nunca vuelve?
Si aún vives allá, ¿qué estás haciendo en el presente?.

Somos seres de memoria pertinaz, que queremos mantenernos cuando ya hemos pasado.
Figura y ser forjados en el ayer inexistente.
Adoradores de la memoria.
Convencidos de ser como los árboles o las palmeras,
que crecen circulo a círculo de año en año y conservan hoy, en su propia altura, todos los círculos de los pasados años.
Sí, es cierto, nos podemos encastillar en el pasado.
Nos podemos empeñar en que exista en cómo somos.
Escoger un punto de la historia –nuestra historia o la de mundo, da lo mismo- y vivir allí de forma extraña, parecidos a fantasmas, fantasmas del pasado que atraviesan las paredes reales del hoy, del hoy que es lo único existente.
Y nos parece lógico, y, lo contrario, filosofía de pura idea e irrealidad.
“Sí, sí, el pasado pasó, pero aquí estoy yo con cuarenta,
cincuenta, sesenta años viviendo ahora”…

Permíteme intentar desengañarte.
“Ahora” vive tu cuerpo procedente del pasado, porque es materia y se desarrolla en el tiempo.
Y el tiempo le da vejez, no perpetuo crecimiento.
Y tu cuerpo no es el mismo que fue, qué más quisieras.
Todas tus células cambiaron cada siete años. Pero no fueron nuevas.
Y tú mismo, eso que llamas “tu identidad”, también se
ha modificado, más vale así para no ser del todo una reliquia.
Puede que pienses como los filósofos medievales, que eres “la misma sustancia” y que sólo cambiaron los accidentes.
¡Qué antiguo pensamiento!¡Qué tradicional!
Sí, las ideas se conservan en el tiempo. ¡Por eso son tan irreales!
Pero dime ¿no adviertes el esfuerzo por tratar de ser el mismo y lo mismo?
¿No ves tu culto a la memoria?
¿No eres capaz de aceptar una “revolución interior” como has aceptado las demás revoluciones?
¿No puedes dejar al margen todas las filosofías, sus cambios y evoluciones, para verte a ti mismo o misma
sin las gafas de ninguna idea, ninguna interpretación del mundo y la realidad, Y SOLAMENTE SER CONSCIENTE?
Porque si de verdad te decides a ello y entras ahí, DE VERDAD ESTARÁS EN EL AHORA y dejarás de estar y ser puro pasado.
Nos enseñaron a pensar y sentir de una manera.
Nos crearon un mapa –que aún podemos llevar en la memoria oculta que es el subconsciente- donde definían
si podemos sentir mucho o poco, esto o lo otro. Ser sensibles en tales ocasiones y no en otras. Ocultar las lágrimas si eres hombre, también a veces si eres mujer.
Nos dijeron “qué somos”, y le dieron mucho, muchísimo valor al pensamiento.”Las ideas dirigen los pueblos”,nada menos.
¡Nos crearon –y aceptamos- una enorme superestructura! (Intentaría aquí aparecer Marx para explicarlo a su modo, procedente también de lo pasado).
Y no vemos ni miramos a la realidad a los ojos, tal como ella es en el instante, en el ahora.
Porque nuestros propios ojos están tapados, enrejillados,
filtrados y deformados por ideas, sentimientos y actitudes
forjadas en el pasado, incorporadas y memorizadas en
lo que somos.
Y te digo, amiga, amigo, que SER CONSCIENTE EN EL AHORA no tiene nada que ver con todo eso.
Es enormemente revolucionario.
Tanto que pocos se atreven a vivirlo.
Porque te tienes que desembarazar hasta de tu modo de ser. Y advierte que digo “modo” y no “ser”. Porque “ser”, serás más, tus sentimientos se van a multiplicar,
tus ideas estarán a tu servicio y no tú al de ellas, tu percepción aumentará, tus neuronas podrán fluir más libremente y sin fatiga, tu inteligencia crecerá…
Y si amas la libertad ¡la tendrás total!…
¡Ah, las olas y el mar!
¡Ah, el pasado muerto y enterrado!
¡Qué ligero/a de equipaje podrás caminar sobre la tierra y el mar, evocando de nuevo a Machado!
SIENDO EN EL AHORA, NO EN EL AYER.
El ahora que pasa y termina y tú con él.
El nuevo ahora que aparece y tú renaces.
Con los ojos y el corazón limpios, estrenándolos de nuevo.
El ahora sin ayer y sin mañana.
El instante preciso en el que es real la realidad…
AHORA.

¿De tal revolución seremos capaces, amigas y amigos?

 
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Publicado por en 27 julio, 2010 en Sin categoría

 

Buscar consuelo…

Ayer una amiga buscaba consuelo.
Algo en su vida le quitaba la paz y la alegría.
Le producía sufrimiento y desasosiego.
No sabía qué cosa buscaba en concreto.
Buscaba…y esperaba hallar…

¡Cuántas veces nos pasa éso a los humanos!
No nos sentimos bien. Podemos darnos cuenta de una insatisfacción inconcreta y de concreto sufrimiento.
“La llama de la insatisfacción”…La quemadura del dolor en el corazón…

Y nos ponemos a buscar sin saber qué.
Porque hemos agotado nuestro propio repertorio y hemos llegado hasta el vacío.
¡Es muy hostil ese vacío! Muy duro y solitario.
Se ha construído con decepciones y desilusión.
Han fallado pensamientos, ideologías, creencias y personas.
La casa edificada y mantenida largos años está perdiendo suelos y paredes.
Y si la vida entonces nos abofetea y el corazón se siente
herido, no tenemos a dónde ir, porque la casa se ha roto,
ha caído lo que antes nos protegía.
No encontramos nada dentro de nosotros mismos.
Está vacío.
Y estamos solos frente al vacío.
Somos náufragos en el espacio helado y nos queremos
aferrar a algo, lo que sea, no importa qué con tal de mantenerse a flote.
¡Escapar del vacío y la soledad!
Ha dejado de servir incluso la soberbia, la afirmación de sí mismo por encima de los demás y de todo.
La soberbia es también vacío, es fría y solitaria.
No tiene ni sentido ni valor.
Uno está aquí, dolorido, sólo y sin fundamento.
Y no sabe y lo confiesa.
¿Habrá un árbol, una gruta, una cabaña donde poderse resguardar?…
Poco pide uno entonces. ¡Si casi se conforma con cualquier cosa!
Algo que te retire el llanto de los ojos, algo que te dé calor al corazón.
Y no encuentra nada. Silencio, vacío, soledad…

Amiga, amigos míos, solamente queda entonces buscar
tras el silencio, el vacío y la soledad.
No dar por hecho que has llegado hasta el final.
No conformarte tampoco con una pobre tabla que solamente impide el ahogo inmediato, el pequeño reposo del náufrago, la escasa esperanza hasta que llegue el barco.
Has de buscar detrás, por debajo, por encima.
Cruzar la cordillera helada haciendo acopio de tus fuerzas.
Con la ciega confianza de que hay algo más allá.
Necesitas tener la confianza para la búsqueda. Te lo juegas todo y has de apostar para ganar.
¡Y LO HAY, AMIGA, AMIGOS!
Crucé yo mi propio desierto y lo pude comprobar.
Fue también muy duro.
Escuché voces y sonidos por detrás del vacío.
Y empecé a saber que vacío y soledad son provisionales.
Está vacío nuestro viejo mundo, nuestros esquemas viejos, las viejas ilusiones.
Esa casa ya no sirve, está ruinosa y ya la hay que dejar.

¡PERO DETRÁS HAY MÁS!

Puede ser muy costoso buscarlo. Tienes que empezar aceptando la soledad.
Es muy oscura la entrada y no hay sonido.
Tienes que atravesar por unas ruinas, las de ti misma,
las de tu personalidad.
Son tu viejo edificio. Pero no te importe. Buscas algo mejor, hecho de piedra y cielo, capaz de resistir cualquier tormenta, cualquier embate.
En la oscuridad comenzarás a ver una leve luz.
Tus ojos ya penetran la oscuridad. Tus oídos se hacen
al silencio. ¡Resiste ahí!
Has de buscar por ti y contigo misma. No te sirve la búsqueda de otros.
La Verdad es un encuentro solitario.
Y un descanso y una paz total.

Sólo puedo asegurarte que te espera.
Sólo puedo decirte que si la buscas por esa senda que estás andando, la encontrarás.
Podría comunicarte palabras fáciles, intentar el consuelo de la tabla del náufrago.
Pero no está en las palabras La Verdad.
Es un encuentro amoroso, cierto es ello.
Porque llevamos tras ella mucho tiempo, la añoramos hasta sin saberlo.
¡EL FUNDAMENTO DE NUESTRO SER!
Y no es ni fría ni dura La Verdad. Vuelve tus ojos compasivos, comprensivo y acogedor tu corazón.
Te reconcilia con la vida y con la gente, viéndoles ya de otra manera.
Ya no desprecias a nadie ni tampoco los precisas.
Puedes vivir en paz y hasta con gozo tu soledad.
Y puedes libremente acercarte hasta cualquiera.
No para que te den y que recibas, sino para dar.
Dar afecto, dar comprensión y apoyo gratuitamente.
AMAR.
Sin esperar nada, que ya no lo necesitas.
Buscando tu consuelo has cruzado la barrera del vacío y de la soledad.
Dejaste de ser humana y te has convertido en mucho más humana, tocando la orla del vestido de los dioses.
Estás al otro lado, pero estás cerca y puedes comprender.
La vida nunca volverá a ser la misma.
Jamás podrán hundirte ni el sufrimiento, ni el vacío ni la soledad…
Y sabe, amiga, que –aunque sea poco- tienes mi afecto, mi cariño, mi comprensión.

 
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Publicado por en 26 julio, 2010 en Sin categoría

 

Comiendo en restaurante amigo

A veces, gustoso, como en él. Como hoy.
Cuando lo propicia la ocasión.
Con mis hijos, con una pareja de amigos, con un amigo o una amiga…Y también yo solo, tranquilo y gratamente instalado en él.
Siempre que me vienen a ver mis amistades les traigo aquí.
Porque siempre te atienden bien, saben cocinar muy bien, los precios se ajustan a lo que quieres comer,
como es lo propio, y el ambiente es agradable:
Ladrillo, madera y piedra. Mobiliario castellano, de madera sólida y brillante. Arcos y vigas a la vista de madera oscura, resistente y noble. Ventanales amplios al frente y gran puerta de cristal velado, para dar luz sin restar aislamiento.
Dos ambientes dentro, más el uno para banquetes, con más penumbra e intimidad para pocas personas cada mesa en el otro…
Según mis gustos, decidí hace tiempo que éste es –de toda la zona- el sitio donde se da la mejor relación “calidad/precio”.
Y en la calidad incluyo la presentación de los manjares
que es exquisita muchas veces. La variedad de platos y de adornos. Aquello que hace del comer un arte y nos distancia tanto del pesebre.

Reconozco en esos detalles a mis amigos César y Magdalena, su mujer. Serio, inteligente y agradable él,
consciente de su responsabilidad y creativo, forjando ocasiones singulares de cenas especiales, imaginando
ambientes medievales o modernos, siempre persiguiendo
no sólo el bienestar de sus clientes, sino el toque que transforma un comedor en un lugar de fantasía.
.
Magda a su vez, con no sé cuánta labor secreta, aparece a servir en el comedor, está en la cocina o inventa un sabroso plato. Encantadora joven, entrañable amiga, deferente escuchadora de la posible sabiduría del anciano, agradable y discreta como lo son todos allí…

Se reparten el trabajo de atender a los comensales
Marcial el maître, castellano veterano conocedor de las tierras y los manjares que producen, sensato y sabio,
ayudado por Miki –que es para mi ver una “madre-coraje”, trabajadora enérgica y paciente, positiva y agradecida a lo que le da la vida, luchando ella por conseguirlo-. Y luego vienen Tina y Oscar.
Tina es muy joven, esbelta, linda y ágil. Viste –como lo hacen allí las camareras- falda negra larga con mandil rojo.
Se mueve entre las mesas segura y decidida. Se la ve muy lista, y –de modo muy cariñoso- yo la siento un poco “una ardillita”, vivaz y encantadora como ellas.
Cierra Oscar el grupo, que antes atendía en la barra del bar. Es discjockey veterano por afición y de amable sencillez. Pero su presencia en el comedor y un anuncio de “Se necesita personal”, me han indicado que ya se quedan cortos para atender a la demanda de clientes.
Voluntarioso se le nota a Oscar y decidido a ser excelente camarero.
Sólo una vez –y de pasada- he visto a Mirela, la jefa de cocina, bella mujer y al decir de “ellos” muy habladora,
cosa que por mí no he podido comprobar.
Y más breve y fugaz la vez, ha sido la de Carlos, el ayudante de cocina, un joven al que ví con rostro serio en ese instante, asomando un momento por la puerta de la cocina…

Diréis, amigos y amigas que me leéis, que estoy haciendo propaganda.
No me pagan, sin embargo, mis amigos para que yo la
haga, ni aceptaría que lo hicieran por mostrar lo que yo siento.
En triste lugar cayó la propaganda en nuestra era de
comercio y competencia.
Pero siento que no es propaganda lo que digo, sino “propagar” mis propias sensaciones y vivencias de personas y lugar amigo.
Lo mismo que he mostrado, en otras paginas del blog, las semblanzas de personas a las que quiero y también admiro.

Hoy, en concreto, comí yo solo.
Tranquilamente y a mi aire.
Escuché de lejos a Marcial que alertaba a Tina para que me trajera el siguiente plato.
A mi derecha, cada vez más distantes de mí y de mis alcances, tres mesas se repartían comensales.
La más próxima la utilizaban dos hombres, uno mayor
y el otro joven.
Se escuchaba con cierta nitidez la voz del mayor. Parecía que instruyese al más joven. Primero con ideas sobre “la política”. Luego pareció que recorría países europeos y su arte. Mostraba erudición. Y tal vez, en su tono, una cierta complacencia…
La otra mesa se repartía en edades y en los dos sexos.
Hombre mayor, mujer madura enfrente, chico y chica
el uno frente a la otra.
No llegaba su conversación. Parecía saltar de un tema a otro.
Se oyó en la mesa más lejana la cantarina voz de un niño o de una niña. Más me pareció la segunda por sus armónicos. Era un grupo amplio, seguramente familiar por la presencia de los niños.
Tina, según petición de los clientes, se detenía en caja de vez en cuando para hacer la factura pedida. La veía yo perfectamente pues mi mesa era la primera, la caja delante de mí.
Llegó en ese transcurrir una niña encantadora (¿qué niña o niño no lo son?) que abrazó a Tina delante de la caja. Con esa naturalidad en el afecto que los niños saben expresar, directamente, sin atenerse a norma y protocolo como –por desgracia- llegan a someterse los mayores.
Tendría la niña –no sé calcular- tal vez nueve o diez años. Se quedó ante la caja mientras Tina volvía de la mesa, mirándose quizá –que no lo ví- en algún espejo a mi vista oculto.
Puede que un aire de leve coquetería, un deje sutil e inconsciente, parecíera insinuarse con inocencia
en su movimiento ante el espejo. Eso que –ya maduro- se convierte en conducta de las diosas…
Se fueron el maduro mentor y el joven aprendiz.
Se marcharon también las dos parejas dispares.
Emprendió menudeada salida el grupo familiar, el de los niños, dejándome la duda de quién de los dos fuera el autor o autora del gorjeo de pájaro que me alertó.

A la vista del relato, estaréis tentados más de uno de pensarme “cotilla” por lo menos.
Os digo, sin embargo, que, cuando como solo, mi mente está en silencio y estoy quieto por dentro. Y mis sentidos registran lo que sucede en torno mío.
Mi boca degusta el alimento. Mis oídos captan los sonidos que les llegan. Mis ojos ven lo que está en su campo.
Recibo sin barreras y sin juicios la realidad que me rodea.
No juzgué al “mentor”, solamente escuché la entonación de su voz, sus pausas y sus modulaciones. Y advertí ahí el deje que antes formulé.
Observar sin filtros no es juzgar. Es abrirse a lo real.
El juicio –nefasto, sin duda, erróneo siempre porque siempre le falta información, y llave y puerta que se cierra para cualquier nueva observación- el juicio, digo,
no quiero que aparezca por mi mente. Y para ello me observo a mí mismo a través del “darme cuenta”, de esa facultad escasamente utilizada que es la consciencia, con bien señalada “s” para evitar confundirla con la “conciencia”…

Y llamé a Tina para pagar mi consumición y emprender el regreso a casa.
Pero, antes de salir de allí, no quiero dejar su nombre silenciado:
Se llama La Brasería y se encuentra en el pueblo segoviano de S. Rafael…

 
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Publicado por en 23 julio, 2010 en Sin categoría

 

Y, a la par, silencio…

Hay algo extraño y especial –por lo menos para mí- en vivir en el ahora:
Como en el instante sientes y no guardas en memoria,
puedes pasar de un hervor intenso de las cosas que decir,
a no saber que ni siquiera tienes una.
Y quedarte en el silencio.
Como ayer me sucedió…

Pasas de la fiebre intensa por decir, a no tener nada que decir, salvo el silencio.
Y decir el silencio es tarea del todo imposible.
Precisamente por ello –os contaba- no puede ser contaminado por nadie, ni por ti mismo cuando Él te llega y te acontece.

“Callar” es entonces lo único sabio.

Como es sabio el decir “no sé” que tanto aterra a muchos.
Que prefieren tejer palabras sin sentido, huecas y vacías,
antes de confesar “no sé”.
Porque piensan que así “preservan su imagen”. No quieren dar la de “ignorantes”.
¡Siendo así que lo somos todos!
¡Que hasta los científicos eminentes, si insistes pregunta tras pregunta, llega un momento “en que no saben”!
Por lo que viene a resultar que somos ignorantes todos,
hasta ellos que son simplemente “ignorantes diferidos”.

NO ES NEGATIVO SER IGNORANTE.
SOLAMENTE ES NEGATIVO NO SABERLO.
Y no atreverse a confesarlo…

Un viejo filósofo, renacentista me parece recordar,
Nicolás de Cusa, propuso un concepto hermoso:
“LA DOCTA IGNORANCIA”, lo llamó.
Porque es docta la ignorancia cuando se reconoce a sí misma, porque entonces se convierte en “fuente de saber”.

Hay quien cree que ya sabe.
A ése, nada le puedes enseñar.
¿Cómo va a aprender si cree que ya sabe?
Y, sin embargo, tristemente, EL QUE CREE QUE SABE, ES EL QUE NO SABE.
Como aquél profesor de la Sorbona que visitó a un sabio
lama en su lamasterio, y sirviéndole éste un té, siguió
echándolo en la taza del profesor cuando ya se derramaba.
“¡Señor, que se está derramando el té”!…
“Pues si Vd. ya está lleno de saber, ¿qué puede aprender?”, le dijo el lama…

Sé que soy ignorante, amigos y amigas.
Puede que, por saberlo, sea docta mi ignorancia, como decía El Cusano.
Pero sé que es ignorancia y así os lo manifiesto.
Y me quedo quieto mirándola, en silencio.
Quizá pueda incluso, en esta aceptación, llegar hasta que a mí venga El Silencio. Que yo no lo puedo traer con mis solas fuerzas.
Y puedo aseguraros que si viene –lo mismo que si viene
hasta vosotros- olvidareis toda ignorancia.
Vuestra mente callada y muy atenta, quedará sumergida
en Lo Inefable.
Lo que es exactamente “no decible”.
Y sin saber, sabréis.
Como Juan de la Cruz dijo:
“Y quedéme, no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo”.

¡Bendita ignorancia, que callada y aceptada, te lleva hasta El Silencio!
¡Acercaos a Ello, por favor, amigos y amigas míos!
Olvidareis que sois habitantes de la tierra, olvidareis
angustias e inquietudes.
Sentiréis que nacéis de nuevo, los ojos limpios y el corazón recién estrenado.
Sin pasado.
Retornados de nuevo a la inocencia.
Sin peso alguno a las espaldas.
“Ligeros de equipaje como los hijos de la mar.”
Capaces de callar frente a la luna y las estrellas.
Tocada vuestra frente por el rayo del Silencio. Resplandeciendo.
La quietud.
La paz completa.
Nuevos otra vez para emprender la arriesgada aventura
de la vida…
Si queréis, amigos, allí nos vemos:
LUGAR DE ENCUENTRO: EN EL SILENCIO.

 
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Publicado por en 23 julio, 2010 en Sin categoría